Desperdiciar una vida

10 maneras de desperdiciar una vida:

  • rechazar la ilusión si no viene con certificado de garantía
  • idealizar las vidas ajenas, creyendo siempre que son mejores que la tuya
  • valorar sólo lo perdido
  • no haber dicho nunca "te quiero"
  • aterrorizarte con enfermedades mortales ficticias
  • odiar lo que haces y seguir haciéndolo
  • rehuirte
  • esperar, esperar, esperar
  • despreciar lo imperfecto
  • lamentar a los treinta lo que no hiciste a lo veinte, y a los cuarenta lamentar haberte lamentado, en vez de hacer lo que debiste hacer a los treinta; a los cincuenta lamentar haber desperdiciado los cuarenta en lamentos y haber perdido lo que piensas que era tu última oprtunidad... y así...
Si así lo haces, al menos no me pidas que yo sea testigo y no me pidas que te comprenda.

El mejor regalo

Sé que no es bueno presumir, incitar a la envidia... pero no me puedo contener: este año he recibido el mejor regalo de Navidad de toda mi vida, este cuadro que véis en la foto.

En primer lugar he de decir que este cuadro lo ha pintado mi sobrina, una de las pintoras que sonarán en la generación venidera (tiene talento a toneladas, y no es porque sea mi sobrina). Es una acuarela, a capas, hecha con toda la técnica que ha aprendido ella hasta el momento, pues es muy jóven.

Y tengo que presumir, porque está hecho a propósito para mi, con mucha paciencia y horas y más horas de trabajo. En la foto no se aprecia todo lo bonito que es, ni se aprecia la textura...

Ay... ¡Que me estoy derritiendo con esta maravilla de regalo! ¡Y cómo se ha estrujado ella la cabecita para regalarme algo especial...! En serio, mi sobrina se ha esforzado en regalarme lo mejor de ella, su más valioso tesoro... ¡Hay tanto cariño en cada trazo!

Siento que soy digna de envidia.

Gastando el tiempo (cuentos)

Hacía ya años que se había suprimido el sistema monetario y la gente ya se había acostumbrado a gastar su tiempo, en lugar del dinero. Con esta medida se había pretendido concienciar a las personas del valor de las cosas, pero nada había cambiado en realidad... Ella lo sabía bien, pues lo veía a diario en el centro comerc...

-¿Cuánto cuesta este bolso? -le preguntó una elegante señora, arrancándola de sus pensamientos.
-Dos horas con veintitres minutos -respondió la dependienta.
-¿Y los zapatos a juego?
-Siete con cuarenta.

Tras consultar su reloj, la mujer resolvió adquirir aquel maravilloso bolso. Se calzó las zapatillas deportivas que los almacenes ponían a disposición de los clientes y se dirigió a una de las grandes ruedas giratorias, semejantes a las que pueden verse en las jaulas de los hamsters, para correr las dos horas con veintitres minutos que costaba el bolso. Después tomaría un sandwich de trece minutos con ocho segundos, y se dirigiría a la inmobiliaria donde corría cinco horas diarías desde hacía seis años, desde que había adquirido el piso.
Saldría de allí con suficiente tiempo para encontrar la panadería abierta y correr los siete minutos y quince segundos del pan.

Pérdida (cuentos)

Tener, yo no las tengo, por lo tanto he debido dejarmelas an alguna parte. Vamos a ver... ¿Donde estuve? ...Estuve... con Juan; con él aún las llevaba, lo recuerdo perfectamente. Después con... Vicente, y también las llevaba; y con Jorge también; y con Luis, que fue el último.
...Entonces, ¿donde me habré dejado las malditas lágrimas?

Chihuahuas

Hace algunos años, tenía un perro grande y pacífico, que por nada en el mundo se hubiera metido en una pelea. En nuestros paseos diarios soliamos encontrarnos con un perro pequeño y peleón, un chihuahua llamado Tiburón, que tenía la manía de atacar a todo perro viviente fuera del tamaño que fuera: desde ahí abajo, ladraba con voz estridente y una velocidad que sólo he escuchado antes en las ametralladoras.
Cuando esto ocurría, mi perro miraba hacia abajo, desconcertado, intentando averiguar qué insecto ladrador era el responsable del jaleo; tras unos minutos de observación perpleja, se daba la vuelta y se marchaba a otro lado: no comprendía si aquello era un ataque o qué, pues él sabía que por mucho que Tiburón abriera sus minúsculas mandíbulas, no podría morderle siquiera una pata, cómo mucho conseguiría pegarle un pellizquito. Se daba la vuelta y se iba, sin molestarse en gruñirle siquiera.

Ultimamente me acuerdo mucho de mi perro, sobretodo cuando algunos chihuahuas humanos me ladran con voz estridente y ritmo de ametralladora. Comprendo el desconcierto de mi perro, pues al igual que él, ni sé a qué vienen los ladridos, ni imagino con qué "pellizquito mortal" pretenden aterrorizarme. Al igual que mi perro, doy media vuelta y me alejo del insecto ladrador.

Comité (palabrotas)

Hay palabras que tienen tan mal sabor, que deberían ser consideradas como palabrotas. Yo hoy empiezo mi lista con una que me despierta picores cada vez que la escucho: “Comité”.

Vale, las letras que la componen no tienen nada de malo, y hasta el orden que llevan podría ser algo soportable si no fuera por el significado que ha ido adquiriendo esta palabra con el tiempo.

¿Pero qué son los dichosos comités? Me lo he preguntado muchas veces y por lo visto, son un grupo de personas de abdomen proeminente, que se pavonean entre palabras acabadas en “-ción” (actuación, institución, investigación, detección, organización, planificación, producción, evaluación… ) y que jamás resuelven nada. Su trabajo consiste, literalmente en decir el mayor número posible de este tipo de palabras, igualito que si estuvieran en el concurso “Un, dos, tres, responda otra vez” y la simpática Mayra les hubiera pedido palabras acabadas en “-ción” a 100 euros cada una.

Ser miembro de algún comité es la máxima asipración de muchas personas: “Yo soy del comité de Tal”, dicen desde el proeminente abdomen cuando te quieren impresionar. “Esto lo tiene que decidir el comité”, es la respuesta para cuando te dan largas. “Digaselo al comité de empresa” es la frase para las quejas de los empleados… Cuando en la política surge algún turbio asunto que hay que mantener tapado… ¡se abre un comité de investigación!

Comité. Sí, es una palabrota.

En piel de mujer (cartas)

Para: Los de Arriba
De: aminuscula
Asunto: Hasta la coronilla

Estimado/s Dios/es,

En primer lugar pido disculpas por no saber si me debo dirigir a una sola persona o a varias. Aquí en la tierra hay muchas versiones sobre lo que ocurre ahí arriba, por lo que me siento algo confundida al respecto. Sepa/n perdonar mi ignorancia.

Me dirijo a Usted/es por un asunto que me tiene preocupada dada la poca paciencia que conservo sobre ciertos aspectos de la vida terrenal en piel de mujer.

Ocurre que, dado lo dispuesto por Usted/es repecto al orden natural de las cosas en lo que al matrimonio se refiere, me he tomado la libertad de construir mi vida en solitario (quiero decir sin pareja), lo cual está muy bien por cierto. Hoy en día, y gracias a Su/s buen/os juicio/s, ya no es necesario ser monja (o esposa de Usted/es), se puede no ser esposa de nadie sin nigún problema, cosa que agradezco enormemente.
Sólo que… si un hombre de mi edad toma esta misma decisión, es aplaudido y admirado por saber preservar su libertad, mientras que a nosotras, las mujeres… pues… que no se nos admite esta capacidad de valorar la libertad. Se cuestiona nuestra inclinación sexual o se nos mira con lupa para descubrir ese defecto tan enorme que hace que ningún hombre nos acepte. Se nos dice que en verdad sí queremos tener pareja pero nos engañamos a nosotras mismas diciendo que es una elección, o se nos asignan traumas varios…
¿Acaso está escrito en alguna parte (perdón por mi ignorancia de nuevo) que a todas las mujeres se nos tienen que caer las brag… perdón, quise decir nos derretimos… ejem… al oír la palabra “amor”?

Quisiera saber… si es cierto que nos reencarnamos, esas reencarnaciones van a ser en tiempo futuro ¿no? Quiero decir que no me mandarían a una época todavía más retrógrada ¿verdad? Y si lo de la reencarnación no fuera cierto, si nos vamos al cielo, ¿rigen ahí otras leyes o son las mismas de aquí en la tierra? ¿Y qué otras opciones habría, para evitar pasar por esto por los siglos de los siglos?

Agradezco mucho Su atención, Le/s saluda atentamente

aminuscula

Fe (cuento)

Hace exactamente un ciclo (¿cuánto dura un ciclo?) empezaron a correr unos torbellinos que hicieron girar en desorden todas las cosas. Quiso detenerlos, pero le resultaba imposible desde su pequeñez. Opuso resistencia, negándose a girar al son de los torbellinos, pero se golpeó contra todas las cosas que giraban y giraban, frenéticamente, llevándose por delante cualquier obstáculo que encontraran a su danza. Y cuanta más resistencia oponía, más fuertes eran los golpes…

Entoces recordó su fe. Dejó de oponer resistencia y se dejó llevar por los fuertes vientos, confiando en que estaría protegida, en que el tiempo agotaría las fuerzas del salvaje torbellino y pondría de nuevo las cosas en su sitio.

¿La véis? Con una sonrisa, está contemplando cómo, una por una, todas las cosas se colocan suavemente en su sitio. Se acabó la danza, se acabó el ciclo.

Contra la violencia hacia las mujeres

Hoy se “celebra” el día contra la violencia hacia las mujeres. Ojalá no existiera este día, pero los números son espeluznantes: cada 18 segundos es golpeada una mujer, una de cada tres mujeres en el mundo es maltratada, siendo una de cada cinco las mujeres maltratadas en el “primer mundo”. Si a esto unimos las violaciones y la mutilación genital (que también es violencia hacia las mujeres por el hecho de ser mujeres) podemos desesperar.
Son alrededor de 70 las mujeres que mueren a manos de sus parejas cada año en España, pero a éstas deberíamos sumar a aquellas mujeres que acaban cometiendo suicidio por el horror que han de sufrir en su propio hogar (y que nadie sabe cuántas son).

Conozco algunas mujeres en esta situación. Tú, que estás leyendo esto, también conoces unas cuantas, aunque no lo sepas. El maltrato no siempre se manifiesta mediante un ojo morado, a veces ni se ve. A veces es una suerte tener un ojo morado para así poder demostrar lo que realmente está sucediendo: se duda de muchas mujeres que quieren denunciar esto sin tener un triste moratón. ¿Pero qué puedes demostrar si el agresor te ha tirado del pelo? Nada, esto no deja huella.

Si conoces alguna mujer que está viviendo una situación de maltrato (ya sea físico o psicológico), creela, escuchala y ten paciencia: ella está en una situación límite y sus reacciones no serán las que serían las tuyas.
Si eres una mujer que vive en esta situación, habla, no lo ocultes, pide ayuda. Tú sabes quien te va a creer y escuchar, tu instinto ahora está más desarrollado que nunca. Alejate de quienes te juzgan y escucha sólo a quienes te creen y te refuerzan. Si puedes, denuncia, pero escucha tu voz interior que te dirá si la denuncia va a poner tu vida en peligro o va a asustar a tu agresor y te mantendrá a salvo. Cree en ti, porque hay salida. No es una salida fácil, tal vez tengas que marcharte de tu ciudad y esconderte por mucho tiempo, pero hay salida.

Cintas transportadoras (cuento)

Nadie aprendía a caminar. En la Nueva Ciudad ya lo habían previsto y colocaron cintas transportadoras que llevaban a la gente cansada de aquí para allá.
Algunos, nada más romper a andar y llevarse los primeros tropiezos, desistían y subían a la cinta. Otros, la mayoría, se esforzaban algún tiempo más, y caminaban por el terreno accidentado que hallaban a un lado y al otro de estos caminos artificiales. Era costoso hacerlo ya que no existían las superficies lisas; finalmente optaban por subir a la cinta si querían llegar a alguna parte.

A los locos y a los artistas no se les permitía subir, pues sembraban el caos con sus extravagancias. Se les podía ver caminar cerca de las cintas transportadoras, cargados de lienzos, pinceles, instrumentos musicales, libros y otros objetos inútiles, dando tropiezos, haciendo grandes esfuerzos por levantarse pese a las dificultades que suponía llevar las camisas de fuerza.

Ellos tampoco aprendían a caminar, no obstante.

Adaptación

El mundo no está hecho al gusto de nadie: a todos nos alcanzan las injusticias, los desaires y las traiciones. Siempre hay alguien por encima y alguien por debajo. Algunas veces la solución no está en nuestras manos o simplemente no existe.

Cuando esto ocurre, cuando no está en nuestras manos cambiar las cosas, lo más sensato es poner todo el esfuerzo en encontrar aquel pensamiento que nos permita convivir en paz con la realidad, sin necesidad de negarla. De nada sirve pasarse toda una vida enfadado con el mundo: el mundo es tal cual es.

Dedalesa o dedalense (retrato)

Cuanto más pequeño es su mundo, más ganas tiene de permanecer el él, y mayores son sus temores. Mayor el esfuerzo por mantenerlo pequeño, por encogerlo aún más, para así sentirse arropada por sus muros.
Desde el fondo de su mundo-dedal predica la inexistencia de otros mundos, lo predica incluso a quienes vienen de ahí fuera, llamándoles al orden y la razón.

Margaritas a los cerdos

Hoy me siento en la linea de algunos de los últimos posts de Kuan , en la linea de “sólo quiero ser normal”, de no pretender ser maravillosamente tolerante y dadora.

No quiero dar “margaritas a los cerdos” (con perdón de los cerdos que son inteligentísimos animales), no quiero sacrificar nada mío, por insignificante que sea, por devolver con bien a quien sólo regala veneno.

…Siembras y siembras y siembras, pero si al cabo del tiempo no recoges nada, será que no estás sembrando en tierra fertil; guarda mejor tus semillas para mejores ocasiones.

Sí, hoy siento la necesidad de ser normal.

Lo que no sé (cartas)

Me miras con una ceja levantada al descubrir que no sé aquello que tú sabes, sorprendido ante “tanta ignorancia”.

He de decirte que lo que no sé abarca no sólo mares, sino la práctica totalidad del Universo. Pero sé, por ejemplo, que nunca llegaré a saberlo todo y también sé que cada día aprendo algo más. Que al confesar mi ignorancia recibo una explicación y aquello que desconcía hace tan sólo un momento pasa a formar parte de mi bagaje de “saberes”.

Amigo mío, la ignorancia no es el no saberlo todo, sino pretender alcanzar el conocimiento absoluto o avergonzarse de no haberlo logrado. Por eso no pienso ocultarte mi ignorancia, aunque me enfrente a tu ceja levantada, prefiero dejar que me expliques y así aprender también de ti.

Con todo el cariño del mundo (retrato)

Sabotea cualquier logro ajeno, con todo el cariño del mundo.
Sus besos son sinceros, su afecto también, pero sus alabanzas suenan a desaprobación. Con todo el cariño del mundo.

¿Su desaprobación? Jamás ha sido pronunciada.

La política de los suburpios (cuento)

El país de los suburpios estaba embrumergido por quejolemas descorapaces. El reyedor oimaba constarolamente los vocelios que parulaban sobre las vermesas y sus consecuencias, sobre las furulas y los melocios que tantos quebraderos de rodillas daban.

Acercándose las elemociones, no querolentaba más alcomedio que aplacentar los poblados y calmografiarlos.
Tal fue la docisién del congrejo y, para tal fin en consecuencia, el reyedor se perfumó.

Digna (retrato)

Con anillos en los dedos y diplomas en las paredes, la damisela tuerce la nariz cuando se encuentra con quienes no poseen tales tesoros, para después apuntar con ésta hacia el cielo.
Es digna, es muy digna y se esmera en conservar su dignidad intacta: de ahí tanto esfuerzo en mantenerse alejada de la escoria.

Erre que erre (cuento)

-La documentación que trae no sirve. Lo que debe hacer usted es ir al Registro de Propiedad, que es donde le proporcionarán todos los datos.
-Ya estuve. Me dijeron que no, que debía tramitarlos un gestor.
-¿Y bien?
-El gestor dijo que no necesitaba estos datos y me proporcionó estos otros documentos que tiene usted delante -explicó nuevamente el joven.
-Comprendo, a veces ocurre con los gestores. Se les mete en la cabeza una idea, y ya está: erre que erre, que es así y así debe ser. Usted hagame caso y vaya al Registro de Propiedad.
-Ya estuve. Me dijeron que no, que debía tramitarlos un gestor. El gestor me proporcionó estos otros documentos -volvió a explicar el joven.
-Eso es porque los gestores tienen la cabeza cuadrada, pero no debe hacerles ni caso, de hecho no tiene ni que tratar con ellos. Vaya usted personalmente al Registro de Propiedad…
-Ya est…
-No me interrumpa si quiere que adelantemos algo. Usted va al Registro de Propiedad y pide estos datos. Dejese de gestores y abogados, que no saben más que liar las cosas. Es más, como se ha puesto usted tan pesado, le daré una lección: si me llega su expediente por medio de algún gestor, lo desestimaré automáticamente, sin mirarlo.
-Pero..
-Se lo ha ganado: no hago más que decirle que se olvide de los gestores y usted, erre que erre, que quiere un gestor. Pues se acabó. Y ahora vayase… ¡Que pase el siguiente!

El certificado (cuento)

El coche fúnebre recorría las calles de la ciudad a gran velocidad, llegando a saltarse los semáforos en rojo en más de una ocasión.

-Explíquemelo de nuevo -dijo el chofer-, esto es absolutamente insólito. En quince años de profesión jamás encontré un caso como el suyo.
-…Nada tiene de especial para mi -contestó el futuro difunto-. Ya mi nacimiento tuvo que ser aplazado durante varios meses por culpa de…, en fin, es una larga historia. El caso es que, desde siempre, las autoridades me exigen a mi, y sólo a mi, toda clase de documentación para poder realizar los actos más sencillos. Desconozco la causa de estos requerimientos, pues siempre que les pregunto me contestan “le ha tocado”… Ya ve, ha llegado mi hora y estoy a punto de perderla. Me es preciso conseguir ese certificado de soltería en el plazo de media hora, de lo contrario llegaré tarde y tendré que volver a tramitar la instancia para el permiso de defunción.

…El coche fúnebre se saltaba los semáforos en rojo a gran velocidad, pero no había peligro alguno: faltaba el certificado de soltería.

Palabras (cuento)

Conscientes del protagonismo que habían ido adquiriendo, finalmente las palabras se apoderaron del mundo. Se reunieron en actas y tradados que llevaban el nombre de lugares ya desaparecidos y, desde ahí, se mofaron de aquellos otros habitantes de antaño, aquellos que las habían creado.
Se multiplicaron cómo especie a una velocidad aterradora; habilitaron más y más tratados, conferencias, discursos y actas donde alojarse, ignorando a cualquier otra especie que hubiera sobrevivido a la palabrería.

Cuando yo llegué a aquel lugar, no quedaban ya más que palabras.

Hablen de mi locura

Hablen de mi locura; hablen, pues tal vez tengan razón al mirarme con desconfianza cuando describo un mundo que sólo yo puedo ver.

Hablen, critiquen y rían, pero no me arranquen de este mundo tan particular en el que no es preciso arrodillarse para lograr sobrevivir.

Sobrado (retrato)

Recién salido de la cuna y aún envuelto en sus preconceptos (algunos de seda y otros de esparto) dictamina y etiqueta con la seguridad de quien no conoce la verdad, esa verdad que tiene dos caras y mil matices.
Va de sobrado… pero le falta todo.

La cuestión es llegar (cuento)

Creanme, no me percaté de que me faltaba un brazo hasta querer mirar la hora.
Me había levantado con el tiempo justo para acudir a mi cita, si acaso me sobraban unos minutos. Sin embargo, al ponerme los zapatos descubrí que mi pierna derecha ya no estaba. Es curioso, porque los calcetines sí me los puse en ambos pies; debió ser cosa de unos minutos.
No me paré a pensar en ello, por falta de tiempo, lo único que me dije fue que debía salir de casa un poco antes, pues con una sola pierna tardaría algo más en hacer el camino. Por eso estuve comprobando la hora constantemente… Bueno, hasta que perdí el brazo, y con él, mi reloj.

Supongo que llegaré a tiempo…, pero sobretodo que no cunda el pánico: aunque no llegue entero, la cuestión es llegar.

El perfume (cuento)

Finalmente salió del cuarto de baño. Se había estado arreglando para él. Se recostó sobre la cama, rozando apenas con los labios el cuerpo desnudo del hombre amado. Él se dejaba querer complacido.

-¿Qué te has echado? -gritó el hombre apartándola de un empujón- ¡Perfume! ¿Te has echado perfume? ¿Te escondes de mi? ¡Eh ! ¡Contesta! ¿Es que quieres ocultarme algo?

La chica no se atrevió a abrir la boca. Tampoco lo hizo mientras él le arrancaba la ropa, la conducía de vuelta al cuarto de baño para enjabonarla violentamente bajo el agua fría.
Ella no protestó, sabía que era culpa suya, que le había irritado… había estropeado aquel día tan hermoso. Siempre acababa irritándole y estropeando los días hermosos, metiendo la pata de la manera más tonta.

Aquella vez había sido por el perfume.

Limitaciones (retrato)

Ama sus limitaciones; ellas y sólo ellas hacen posible la inmovilidad, la permanencia en aquella vida de la que se lamenta a diario. Las ama, sí, incluso más de lo que ama sus lamentos. Las cuida, las guarda, las preserva de cualquier cambio… y cree en ellas ciegamente.

Tirano (retrato)

Criado con leche de tirano, aprendió la palabra “castigar” a muy temprana edad. Criado con leche de tirano, en tirano se convirtió.

Talla única (cuento)

Las mangas le quedaban demasiado cortas y en invierno se le congelaban las muñecas. Quiso alargarlas, pero estaba prohibido modificar el traje de talla única que debían llevar todas las ciudadanas.
Pidió entonces presupuesto para acortarse los brazos, pero ningún cirujano sabía realizar la operación: nunca se había dado el caso. Nada parecía solucionar el asunto.
Finalmente optó por tejerse un jersey de punto, de colores, un jersey hecho a medida.

Fue entonces cuando le quitaron el código de barras que tenía desde su nacimiento y le asignaron uno nuevo que empezaba por cinco, el número que correspondía a las indeseables.

Sacudiéndose el polvo (cuento)

Sacudió con fuerza su abundante melena polvorienta, intentando liberarse del peso cada vez mayor; la sacudió igual que una potrilla, con la cabeza bien echada hacia atrás, dejándose atrapar por el agradable cosquilleo. Rió. Rió y siguió sacudiéndose, por puro placer.

Cuando todo el polvo viejo hubo desaparecido, su cabello comenzó a desprender minúsculas estrellitas doradas, invisibles a los ojos humanos, estrellitas que se posaban sobre todo lo que hubiera a su alrededor: personas, gatos, impresoras, cacerolas, semáforos, grillos …

…De pronto todos le sonrieron amablemente, aunque nadie sabría decir si algo tuvieron que ver las minúsculas estrellitas doradas que brotaban de sus cabellos.

El secreto de la felicidad (cuento)

Si bien nunca había sido ninguna lumbrera, Lito tenía destellos de… un no sé qué, algo que le hacía consciente de las oportunidades que la vida le brindaba.
En virtud a uno de esos destellos supo que estaba ante el sabio y que a los sabios se les debe preguntar cosas difíciles y sabias.
-¿Cuál es el secreto de la felicidad? -preguntó, sin más.
El sabio sonrió, comprendiendo la razón por la cual Lito hiciera su pregunta antes de decir “Buenas tardes”. Quiso complacer al muchacho y le respondió:
- Hay que tener la cabeza en las nubes y los pies en la tierra.
- ¡Uauuu! -se admiró Lito-. Pues no sé quién sería capaz de hacer esto… Puede que las jirafas… ¿Son felices las jirafas?
-Sí, a menos que intenten conversar con un jabalí -contestó el sabio, malhumorado.

Los corredores (cuento)

El anciano bajaba lentamente las escaleras del metro; de pronto, una avalancha humana se precipitó hacia él. Se agarró a la barandilla para impedir que la corriente lo arrastrara, sujetándose con ambas manos, pues era una tarea difícil.
-¡Corra, corra, hombre de Dios! -le gritó uno de los corredores-. ¡Va a perder el metro, hombre, y no pasará ningún otro hasta dentro de diez minutos! ¡Corra!
El viejo siguió esforzándose en mantenerse pegado a la barandilla, pese a que sus fuerzas comenzaban a flaquear.
La avalancha humana desapareció de la misma manera repentina de la que había surgido; en la estación no quedaba ni un solo corredor. Agotado, el hombre se sentó sobre un escalón. Suspiró para si:
-El camino que me queda es demasiado corto para recorrerlo deprisa.

Un mundo lejano (cuento)

Estaremos en el aire en 10 segundos. Diez… nueve… ocho…siete… seis…
Los últimos cinco segundos se señalaron con los dedos. El técnico de sonido subió el volumen del micro, las luces de colores empezaron a girar, entró la sintonía y… ya estaban en el aire.
- ¡Buenas noches señoras y señores! - empezó la jovial presentadora -. Esta noche, como siempre, nuestro concurso les ofrecerá las imágenes más impactantes de la actualidad. Prepárense para una velada llena de emociones e imágenes llenas de realidad. Bienvenidos una vez más a nuestro fascinante programa semanal ¡UN MUNDO LEJANO!
Aplausos, sintonía, luces de colores.
- Para empezar visualizaremos una grabación muy reciente, rodada en algún lugar del mundo que, como ya saben, no desvelaremos. En cuanto descubran en que lugar del mundo se hizo la grabación, pueden empezar a hacer sus llamadas con la respuesta correcta. También pueden concursar con nosotros a través de mensajes SMS. Y ahora, ¡dentro vídeo!

Luisa acomodó sus gafas y permaneció atenta a la pantalla. Nunca había logrado adivinar la respuesta, pero por alguna razón seguía intentándolo. Es más, aquel día se había esforzado especialmente: había mirado el telediario de cabo a rabo, con el fin de averiguar en qué lugares del mundo había guerras en aquellos momentos. Escuchó noticias sobre tres o cuatro guerras, si no recordaba mal.
En el vídeo salían imágenes muy parecidas a las que había visto en las noticias. Todas las guerras parecían iguales, con edificios en ruina, polvo, cadáveres… Por eso resultaba tan difícil distinguir una guerra de otra y ganar el concurso.
- ¡Patrick! -gritó Luisa de repente- ¡Ese es Patrick! Dios santo, ¿qué hace Patrick allí? Ah, sí, había ido a hacer un reportaje a … a… ¡maldita sea! ¿a dónde? Debí prestarle atención cuando me lo contaba, así podría haber ganado el concurso por una vez.
Las imágenes mostraban uno de los enfrentamientos más sanguinarios de las últimas décadas. Patrick, con su cámara, intentaba esquivar los cascotes mientras Luisa hacía grandes esfuerzos por recordar a donde demonios había ido Patrick a hacer su reportaje.

…Patrick cayó al suelo y quedó inerte. Luisa se mordió el labio: no podía ser, no podían haberle alcanzado. Se trataba de Patrick. En el mismo vídeo se podía ver como alcanzaban a otros hombres, incluso a niños, pero ellos no tenían nombre. Ellos formaban parte de las guerras, no como Patrick.
Luisa apagó el televisor, sin recordar a donde había ido Patrick a hacer su reportaje.

Ego y orgullo

“Ego es algo sin contento. Por ejemplo, un hombre que no puede dibujar siquiera una línea recta se piensa a sí mismo un gran pintor – eso es ego, eso no es contento. Pero si Picasso piensa que él es un gran pintor, eso es simplemente un hecho, y si él está orgulloso de su genio no hay nada malo en ello. De hecho, se debería ayudar a la gente a encontrar algún orgullo en su individualidad porque ese orgullo hará sus ojos brillosos, sus rostros luminosos; ese orgullo hará de ellos individuos únicos, sin más cuestiones de inferioridad o superioridad.” Osho

…Sólo que despojarse del ego por completo y quedarse con sólo el orgullo, es una tarea de titanes que puede alargarse durante toda una vida: buscamos el reconocimiento de nuestro orgullo, y eso es ego.

El orden correcto (cuento)

El sargento de guardia del departamento de extranjería le había dicho que los ordenara detrás de las vallas y es lo que había estado haciendo, no sin dificultad. Si bien al principio había recibido algunos datos sobre el orden correcto, el novato se hizo un lío con los países que debían ir primero, así que el sargento resolvió darle la explicación más sencilla: “del más claro al más oscuro, ¿lo entiendes?”.
A partir de ahí la tarea del novato resultó más sencilla y el sargento llegó a permitirse incluso ir a tomar un café, con lento caminar, acompasado a los balanceos de su porra.
Ciertamente, aquello fue un error, pues a su regreso encontró un gran barullo y todo el orden conseguido hasta el momento se había echado a perder.
-¿Qué ocurre aquí? -preguntó el sargento.
- Señor… -se lamentó el novato sin dejar de sujetar por el brazo al inmigrante más oscuro de todos -, aquí hay un problema… Este señor debería estar al final, pero se niega… Dice que llegó entre los primeros…
-Hummm… ¿Cual es tu nacionalidad?- le preguntó el sargento al hombre más oscuro.
- Soy francés.
-Hummm, hummm… Esta bien, ponle detrás de los rubios.
El sargento se alejó, meneando la cabeza con desaprobación, y al comprobar que el hombre más oscuro ya no le prestaba atención, hizo una seña al novato para que se acercara.
- Ponle detrás de los rubios, pero aparte -susurró.

Un hombre libre (cuento)

-¿Cuanto tiempo lleva allí?
-Unos… tres años, creo -dijo el guardia de la prisión-. Desde que le liberaron no se ha movido de ese pedrusco sobre el que está sentado ahora mismo.
Me acerqué a aquel hombre, intrigado por su extraño comportamiento. Me senté a su lado y esperé.
-Soy libre -me dijo al cabo de unos minutos-. Ese es mi problema: soy un hombre libre. Nada me retiene aquí y no hay nada que me retenga en ninguna parte. Soy libre de ir donde se me antoje, ¿sabe?, y sin necesidad de mirar atrás, ni de dar explicaciones a nadie…
-¿Y por qué no va a ningún sitio?
-¿Se ha parado a pensar alguna vez en la verdadera inmensidad de este mundo? ¿Tiene idea de la cantidad de tiempo que se necesita para considerar todas las posibilidades? -contestó desesperado.

La vida eterna (cuento)

-No creo en la vida eterna -concluyó el pragmático ejecutivo.

Le miré desconcertada: debía estar bromeando. Sí debía ser eso… Él más que nadie creía que su vida sería eterna… ¿De qué otra manera podría explicarse que no robara todos los días al menos un minuto para ser feliz?

Precavido (retrato)

“Tengo suerte de poder quedarme en su casa: los alquileres en Madrid están imposibles. Pero ¡es tan extraño! …¿Se enfadará si se lo pregunto?’
-Oye… -dijo al fin- …¿Por qué tienes todos estos trastos en casa?
-Por si un día los necesito. Me gusta ser precavido.
No se atrevió a preguntar nada más, aunque le hubiera gustado saber como había conseguido subir hasta el ático ese tractor…

Demasiado amor (cuento)

-Me estoy derritiendo. ..-la oí murmurar
No me atreví a apartar la mirada del papel, pero aquellas palabras suyas me dieron un nuevo impulso, haciéndome pronunciar mi poema con verdadero énfasis, proyectándolo hacia ella desde lo más profundo de mi corazón.
Tan solo al acabar tuve el valor de buscar una respuesta en la cálida mirada con la que ella, probablemente, iba a acariciarme. Pero. ..¡ella no estaba ya a mi lado!
…Lo único que encontré, el único rastro que quedaba de ella fue aquel charco blanquecino y espeso señalándome el lugar en el que ella se había derretido…

¡Qué largas se me hicieron las tres horas en las que ella permaneció en la nevera, sin saber con certeza si el frío iba a volver a cuajarla!

…Recuerdo que la multitud se abría a mi paso, asustada tal vez por los gritos de horror que yo no podía reprimir.. . Al llegar a la esquina me giré, incrédulo aún; la vi agitar, en señal de despedida, la mano derecha que emergía del corazón, que a su vez latía en la frente, justo debajo del ombligo…

Lengua (retrato)

“Essstúpido”, “asssquerossso”, “sssubnormal”… Nunca había tenido problemas en pronunciar éstas palabras. Sin embargo, jamás había conseguido decir “te quiero”, pues ya en el primer fonema, quedaba enredada entre los dientes su larga y bífida lengua.

Nómada (retrato)

Viaja sin equipaje, recorriendo tierras y sentimientos ajenos, mezclándolos con los propios; vive embelesándose, desencantándose y volviéndose a embelesar a una velocidad vertiginosa. Quisiera quedarse en alguna parte, sueña con encontrar ese lugar ideal…

Permanece por días o meses en cada hermoso rincón que se asemeja al sueño; cuando al fin siente que lo ha encontrado, que le gustaría quedarse para siempre, calza sus botas de viaje y emprende un nuevo recorrido de tierras y emociones, en busca de un lugar donde poder quedarse.

Esponja (retrato)

Aparece con su aspecto suave y su extrema fragilidad. No pide nada, o casi nada, tan sólo te deja ver cuánto necesita, cuán dificil resulta su blanda existencia.

Meses despues, agotada, revisas tu presente, tus ocupaciones: la Esponja esta en todas ellas, tu tiempo se aloja en su insaciable ser que no devuelve nunca ni una gota.
Intentas recuperarlo, rescatarlo de ahí dentro, pero sólo consigues exprimir las lágrimas de la esponja y un gran sentimiento de culpa por el abandono de tan necesitado ser.

Cartero (retrato)

Todos los días, a las doce y media, le oigo entrar en el portal y descargar unos ínfimos gramos del peso que arrastra. Un segundo después suspira desde los más profundo de su alma; todos los días.

Podría parecer que la vida le pesa tanto cómo el carrito amarillo que arrastra con desgana desde hace quién sabe cuantos años o décadas, cargado de vidas y de historias ajenas, de cosas insignificantes y grandiosas.
Podría parecer que su minúscula existencia se ve sobrepasada por el peso de todas esas vidas con las que tiene que cargar a diario.

La mujer invisible (retrato)

Tardó varias décadas en comprender que sólo los inocentes podían verla. Fueron décadas de llanto y rabia, de tristeza y abandono y volverse a levantar.

Hoy la mujer invisible permanece entre la agitada multitud sin pretender llamar su atención ya. Y cuando alguien le sonrié, devuelve una amplia sonrisa, sabiendo que se trata de un inocente.

Zapatos (cuentos)

¡Qué bonitos eran sus zapatos nuevos! ¡Qué tersa estaba su piel y cómo lucían!

Se admiraba sin cesar por la belleza de sus zapatos nuevos, tan tersos, tan brillantes, tan nuevos y vistosos. Todos los días los paseaba un ratito, para después guardarlos con cuidado en su caja donde ninguna motita de polvo pudiera dañarlos.

Los otros zapatos, los viejos, no eran ya tan tersos. Los muchos kilómetros que habían recorrido juntos habían dejado su huella y, aunque no estaban rotos, aunque se habían convertido en los zapatos más cómodos de su armario, lo cierto era que ya no deslumbraban a nadie.
Los nuevos en cambio, si bien provocaban ampollas y había que estar siempre limpiándolos, despertaban la admiración de todos.

Los viejos zapatos tuvieron que asumir su nueva condición, relegados a la categoría de “zapatos de trabajo”, cediendo su puesto a los nuevos en las fiestas y en los días hermosos de quien antiguamente había sido su compañera inseparable. Seguían recorriendo muchos caminos juntos, sí, pero los cuidados y la admiración pertencían ya a los nuevos zapatos.

Cansada (retrato)

Desde su extrema delgadez, acoge a todos los necesitados. Recorre las calles buscando a quien más hambre tiene, al más enfermo.

Querría salvar el mundo, pero su frágil cuerpo se derrumba a cada momento.

Está cansada, dice. Se seca las lágrimas; arranca el coche: va a descansar por unas horas. Va a dejar de acoger por hoy, me promete.

No puede cumplir su promesa: hay tantos necesitados en el trayecto desde mi casa a la suya…

La bella durmiente (retrato)

A través de la gasa con la que cubría sus ojos, la calabaza parecía una carroza, las ratas caballos y el sapo verde un principe azul.

¿Por qué nadie iba a querer quitarsela?

Ladrona de palabras (retrato)

En las conversaciones roba la palabra de quien la tuviera. La roba y se la guarda para sí, gesticulando mucho.

La frenética danza de sus brazos impide escuchar la palabra robada, y también las palabras largas con las que ésta es adornada. Sin dejar de gesticular ni un instante, lleva la palabra robada por otros caminos durante un tiempo para después, al volver a ella, poder decir que esa palabra siempre fue suya.
Quienes la escuchan asienten, aliviados por la promesa de que la danza de los brazos esté llegando a su fin.

Inevitable (cuento)

-¿En qué te molesté?
-No, no se trata de eso…-dije.
-Pues no entiendo por qué tenemos que dejar de vernos, no se dejan las amistades así, de la noche a la mañana, sin ninguna razón.

La miré, a medias. No sabía explicarle. No quería hacerle daño, nunca nos lo habíamos hecho, pero se había cumplido el ciclo y el adios era el siguiente paso natural de las cosas. No quería abrir un nuevo ciclo que de antemano sabía doloroso.

Ella no sabía de ciclos. Ella creía en “para siempre”; lo doloroso se volvía inevitable, tanto si abríamos un nuevo ciclo cómo si no.

Buena chica (retrato)

Vestida de comprensión y paz compradas en las librerías más renombradas, ofrece su mano a quien la necesite y a quienes le hicieron daño alguna vez. Se venda los ojos con un pañuelo de tolerancia y pinta sus labios de sabiduría.

Querría quitarse las ropas de color armonía y gritar aunque sea una vez. Querría mostrar su enfado y su rabia, sus instintos, decir las palabras prohibidas y ser injusta… Querría no tender la mano hoy.

Tiende su mano. Sus dedos abrazan otros dedos, intentando regalar un cálido apretón, pero aprieta demasiado fuerte. Sus dedos son fríos ya.

Etiquetas (cuento)

Inexplicablemente, había perdido una etiqueta, la más vieja de todas. No recordaba cual era el enunciado de ésta, de hecho sólo se percató de su ausencia al hacer el recuento.

Todas las noches, al llegar a casa, desprendía sus etiquetas una a una, con sumo cuidado, y las tendía sobre la mesita de noche, para que la acompañaran también en los sueños. La última en desprender siempre era la que su padre le había puesto, con tan sólo tres años: “DÉBIL”. Era la etiqueta que siempre presidía sus días y sus noches.

Al hacer nuevamente el recuento con la ingenua esperanza de no encontrar a faltar ninguna de sus etiquetas, se aseguro de dejar a salvo la etiqueta de su padre, y fue la primera que se prendió en el pecho. Y así, con la debilidad a salvo, siguió rebuscando por los rincones de su mente aquella etiqueta perdida, la más vieja de todas, la que ella misma había inventado para sí.

Lazos (cuento)

Un día, de pura casualidad, descubrieron que el lazo que les había unido se había esfumado, sin más. Vieron que eran libres de marcharse a donde quisieran, que podían olvidar la insoportable proximidad a la que se habían condenado de mutuo acuerdo.

Levantaron sus ropas y observaron las magulladuras que el roce del áspero lazo les había provocado, lanzándose miradas de reproche a continuación.

Se sintieron libres y ligeros. Se sintieron demasiado ligeros, insoportablemente ligeros.

…A la par, corrieron en busca de una áspera cuerda con la que poder volver a atarse el uno al otro y cubrir sus feas magulladuras. A la par apretaron sus nudos, con miradas de reproche.

Mascarada (cuento)

El despertador anuncia el comienzo del nuevo baile de máscaras. Cinco días de baile y dos de descanso, es la tradición.

El disfraz de tacones abandona su percha. Sobre la repisa del lavabo se despliegan los instrumentos para disfrazar el rostro; empieza el ritual. Repasar el guión y el personaje, buscar la entonación y la escena adecuada para decir la infinitésima parte de lo que se quisiera decir…

El bolso, las llaves… ¡comienza el baile!

Mensajes que no vienen a cuento

Los "mensajes que no vienen a cuento" son ya un clásico es mi blog, así que de nuevo ahí va, a petición del público:

*si tienes algo que decirme que no esté relacionado con ningún post, este es el lugar adecuado
*si lo que quieres es contactar conmigo por correo, hazmelo saber, deja tu dirección y te escribiré tienes un enlace en el menú lateral justo para esto
*si no puedes dormir, te aburres, o cualquier cosa que te ocurra que te incite a dejar un comentario con urgencia, pero no quieres molestar... aquí ha lugar para esto también


Bueno, pues a regocijarse.