Inevitable (cuento)

-¿En qué te molesté?
-No, no se trata de eso…-dije.
-Pues no entiendo por qué tenemos que dejar de vernos, no se dejan las amistades así, de la noche a la mañana, sin ninguna razón.

La miré, a medias. No sabía explicarle. No quería hacerle daño, nunca nos lo habíamos hecho, pero se había cumplido el ciclo y el adios era el siguiente paso natural de las cosas. No quería abrir un nuevo ciclo que de antemano sabía doloroso.

Ella no sabía de ciclos. Ella creía en “para siempre”; lo doloroso se volvía inevitable, tanto si abríamos un nuevo ciclo cómo si no.

Buena chica (retrato)

Vestida de comprensión y paz compradas en las librerías más renombradas, ofrece su mano a quien la necesite y a quienes le hicieron daño alguna vez. Se venda los ojos con un pañuelo de tolerancia y pinta sus labios de sabiduría.

Querría quitarse las ropas de color armonía y gritar aunque sea una vez. Querría mostrar su enfado y su rabia, sus instintos, decir las palabras prohibidas y ser injusta… Querría no tender la mano hoy.

Tiende su mano. Sus dedos abrazan otros dedos, intentando regalar un cálido apretón, pero aprieta demasiado fuerte. Sus dedos son fríos ya.

Etiquetas (cuento)

Inexplicablemente, había perdido una etiqueta, la más vieja de todas. No recordaba cual era el enunciado de ésta, de hecho sólo se percató de su ausencia al hacer el recuento.

Todas las noches, al llegar a casa, desprendía sus etiquetas una a una, con sumo cuidado, y las tendía sobre la mesita de noche, para que la acompañaran también en los sueños. La última en desprender siempre era la que su padre le había puesto, con tan sólo tres años: “DÉBIL”. Era la etiqueta que siempre presidía sus días y sus noches.

Al hacer nuevamente el recuento con la ingenua esperanza de no encontrar a faltar ninguna de sus etiquetas, se aseguro de dejar a salvo la etiqueta de su padre, y fue la primera que se prendió en el pecho. Y así, con la debilidad a salvo, siguió rebuscando por los rincones de su mente aquella etiqueta perdida, la más vieja de todas, la que ella misma había inventado para sí.

Lazos (cuento)

Un día, de pura casualidad, descubrieron que el lazo que les había unido se había esfumado, sin más. Vieron que eran libres de marcharse a donde quisieran, que podían olvidar la insoportable proximidad a la que se habían condenado de mutuo acuerdo.

Levantaron sus ropas y observaron las magulladuras que el roce del áspero lazo les había provocado, lanzándose miradas de reproche a continuación.

Se sintieron libres y ligeros. Se sintieron demasiado ligeros, insoportablemente ligeros.

…A la par, corrieron en busca de una áspera cuerda con la que poder volver a atarse el uno al otro y cubrir sus feas magulladuras. A la par apretaron sus nudos, con miradas de reproche.

Mascarada (cuento)

El despertador anuncia el comienzo del nuevo baile de máscaras. Cinco días de baile y dos de descanso, es la tradición.

El disfraz de tacones abandona su percha. Sobre la repisa del lavabo se despliegan los instrumentos para disfrazar el rostro; empieza el ritual. Repasar el guión y el personaje, buscar la entonación y la escena adecuada para decir la infinitésima parte de lo que se quisiera decir…

El bolso, las llaves… ¡comienza el baile!

Mensajes que no vienen a cuento

Los "mensajes que no vienen a cuento" son ya un clásico es mi blog, así que de nuevo ahí va, a petición del público:

*si tienes algo que decirme que no esté relacionado con ningún post, este es el lugar adecuado
*si lo que quieres es contactar conmigo por correo, hazmelo saber, deja tu dirección y te escribiré tienes un enlace en el menú lateral justo para esto
*si no puedes dormir, te aburres, o cualquier cosa que te ocurra que te incite a dejar un comentario con urgencia, pero no quieres molestar... aquí ha lugar para esto también


Bueno, pues a regocijarse.