Inevitable (cuento)

-¿En qué te molesté?
-No, no se trata de eso…-dije.
-Pues no entiendo por qué tenemos que dejar de vernos, no se dejan las amistades así, de la noche a la mañana, sin ninguna razón.

La miré, a medias. No sabía explicarle. No quería hacerle daño, nunca nos lo habíamos hecho, pero se había cumplido el ciclo y el adios era el siguiente paso natural de las cosas. No quería abrir un nuevo ciclo que de antemano sabía doloroso.

Ella no sabía de ciclos. Ella creía en “para siempre”; lo doloroso se volvía inevitable, tanto si abríamos un nuevo ciclo cómo si no.

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