Ladrona de palabras (retrato)

En las conversaciones roba la palabra de quien la tuviera. La roba y se la guarda para sí, gesticulando mucho.

La frenética danza de sus brazos impide escuchar la palabra robada, y también las palabras largas con las que ésta es adornada. Sin dejar de gesticular ni un instante, lleva la palabra robada por otros caminos durante un tiempo para después, al volver a ella, poder decir que esa palabra siempre fue suya.
Quienes la escuchan asienten, aliviados por la promesa de que la danza de los brazos esté llegando a su fin.

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