La vida eterna (cuento)

-No creo en la vida eterna -concluyó el pragmático ejecutivo.

Le miré desconcertada: debía estar bromeando. Sí debía ser eso… Él más que nadie creía que su vida sería eterna… ¿De qué otra manera podría explicarse que no robara todos los días al menos un minuto para ser feliz?

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