Digna (retrato)

Con anillos en los dedos y diplomas en las paredes, la damisela tuerce la nariz cuando se encuentra con quienes no poseen tales tesoros, para después apuntar con ésta hacia el cielo.
Es digna, es muy digna y se esmera en conservar su dignidad intacta: de ahí tanto esfuerzo en mantenerse alejada de la escoria.

Erre que erre (cuento)

-La documentación que trae no sirve. Lo que debe hacer usted es ir al Registro de Propiedad, que es donde le proporcionarán todos los datos.
-Ya estuve. Me dijeron que no, que debía tramitarlos un gestor.
-¿Y bien?
-El gestor dijo que no necesitaba estos datos y me proporcionó estos otros documentos que tiene usted delante -explicó nuevamente el joven.
-Comprendo, a veces ocurre con los gestores. Se les mete en la cabeza una idea, y ya está: erre que erre, que es así y así debe ser. Usted hagame caso y vaya al Registro de Propiedad.
-Ya estuve. Me dijeron que no, que debía tramitarlos un gestor. El gestor me proporcionó estos otros documentos -volvió a explicar el joven.
-Eso es porque los gestores tienen la cabeza cuadrada, pero no debe hacerles ni caso, de hecho no tiene ni que tratar con ellos. Vaya usted personalmente al Registro de Propiedad…
-Ya est…
-No me interrumpa si quiere que adelantemos algo. Usted va al Registro de Propiedad y pide estos datos. Dejese de gestores y abogados, que no saben más que liar las cosas. Es más, como se ha puesto usted tan pesado, le daré una lección: si me llega su expediente por medio de algún gestor, lo desestimaré automáticamente, sin mirarlo.
-Pero..
-Se lo ha ganado: no hago más que decirle que se olvide de los gestores y usted, erre que erre, que quiere un gestor. Pues se acabó. Y ahora vayase… ¡Que pase el siguiente!

El certificado (cuento)

El coche fúnebre recorría las calles de la ciudad a gran velocidad, llegando a saltarse los semáforos en rojo en más de una ocasión.

-Explíquemelo de nuevo -dijo el chofer-, esto es absolutamente insólito. En quince años de profesión jamás encontré un caso como el suyo.
-…Nada tiene de especial para mi -contestó el futuro difunto-. Ya mi nacimiento tuvo que ser aplazado durante varios meses por culpa de…, en fin, es una larga historia. El caso es que, desde siempre, las autoridades me exigen a mi, y sólo a mi, toda clase de documentación para poder realizar los actos más sencillos. Desconozco la causa de estos requerimientos, pues siempre que les pregunto me contestan “le ha tocado”… Ya ve, ha llegado mi hora y estoy a punto de perderla. Me es preciso conseguir ese certificado de soltería en el plazo de media hora, de lo contrario llegaré tarde y tendré que volver a tramitar la instancia para el permiso de defunción.

…El coche fúnebre se saltaba los semáforos en rojo a gran velocidad, pero no había peligro alguno: faltaba el certificado de soltería.

Palabras (cuento)

Conscientes del protagonismo que habían ido adquiriendo, finalmente las palabras se apoderaron del mundo. Se reunieron en actas y tradados que llevaban el nombre de lugares ya desaparecidos y, desde ahí, se mofaron de aquellos otros habitantes de antaño, aquellos que las habían creado.
Se multiplicaron cómo especie a una velocidad aterradora; habilitaron más y más tratados, conferencias, discursos y actas donde alojarse, ignorando a cualquier otra especie que hubiera sobrevivido a la palabrería.

Cuando yo llegué a aquel lugar, no quedaban ya más que palabras.

Hablen de mi locura

Hablen de mi locura; hablen, pues tal vez tengan razón al mirarme con desconfianza cuando describo un mundo que sólo yo puedo ver.

Hablen, critiquen y rían, pero no me arranquen de este mundo tan particular en el que no es preciso arrodillarse para lograr sobrevivir.