El certificado (cuento)

El coche fúnebre recorría las calles de la ciudad a gran velocidad, llegando a saltarse los semáforos en rojo en más de una ocasión.

-Explíquemelo de nuevo -dijo el chofer-, esto es absolutamente insólito. En quince años de profesión jamás encontré un caso como el suyo.
-…Nada tiene de especial para mi -contestó el futuro difunto-. Ya mi nacimiento tuvo que ser aplazado durante varios meses por culpa de…, en fin, es una larga historia. El caso es que, desde siempre, las autoridades me exigen a mi, y sólo a mi, toda clase de documentación para poder realizar los actos más sencillos. Desconozco la causa de estos requerimientos, pues siempre que les pregunto me contestan “le ha tocado”… Ya ve, ha llegado mi hora y estoy a punto de perderla. Me es preciso conseguir ese certificado de soltería en el plazo de media hora, de lo contrario llegaré tarde y tendré que volver a tramitar la instancia para el permiso de defunción.

…El coche fúnebre se saltaba los semáforos en rojo a gran velocidad, pero no había peligro alguno: faltaba el certificado de soltería.

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