Cintas transportadoras (cuento)

Nadie aprendía a caminar. En la Nueva Ciudad ya lo habían previsto y colocaron cintas transportadoras que llevaban a la gente cansada de aquí para allá.
Algunos, nada más romper a andar y llevarse los primeros tropiezos, desistían y subían a la cinta. Otros, la mayoría, se esforzaban algún tiempo más, y caminaban por el terreno accidentado que hallaban a un lado y al otro de estos caminos artificiales. Era costoso hacerlo ya que no existían las superficies lisas; finalmente optaban por subir a la cinta si querían llegar a alguna parte.

A los locos y a los artistas no se les permitía subir, pues sembraban el caos con sus extravagancias. Se les podía ver caminar cerca de las cintas transportadoras, cargados de lienzos, pinceles, instrumentos musicales, libros y otros objetos inútiles, dando tropiezos, haciendo grandes esfuerzos por levantarse pese a las dificultades que suponía llevar las camisas de fuerza.

Ellos tampoco aprendían a caminar, no obstante.

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