Comité (palabrotas)

Hay palabras que tienen tan mal sabor, que deberían ser consideradas como palabrotas. Yo hoy empiezo mi lista con una que me despierta picores cada vez que la escucho: “Comité”.

Vale, las letras que la componen no tienen nada de malo, y hasta el orden que llevan podría ser algo soportable si no fuera por el significado que ha ido adquiriendo esta palabra con el tiempo.

¿Pero qué son los dichosos comités? Me lo he preguntado muchas veces y por lo visto, son un grupo de personas de abdomen proeminente, que se pavonean entre palabras acabadas en “-ción” (actuación, institución, investigación, detección, organización, planificación, producción, evaluación… ) y que jamás resuelven nada. Su trabajo consiste, literalmente en decir el mayor número posible de este tipo de palabras, igualito que si estuvieran en el concurso “Un, dos, tres, responda otra vez” y la simpática Mayra les hubiera pedido palabras acabadas en “-ción” a 100 euros cada una.

Ser miembro de algún comité es la máxima asipración de muchas personas: “Yo soy del comité de Tal”, dicen desde el proeminente abdomen cuando te quieren impresionar. “Esto lo tiene que decidir el comité”, es la respuesta para cuando te dan largas. “Digaselo al comité de empresa” es la frase para las quejas de los empleados… Cuando en la política surge algún turbio asunto que hay que mantener tapado… ¡se abre un comité de investigación!

Comité. Sí, es una palabrota.

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