La otra mejilla


Tras aquella terrible discusión, ella ofreció la otra mejilla, tal cómo le habían enseñado que han de hacer los cristianos.
Él (cristiano también) aceptó su ofrecimiento. Golpeó esa otra mejilla una y otra vez, a lo largo de toda una vida.

Ciudadanos perfectos


Pese a haber sido embrutecidos con las más bajas pasiones, tal cómo marcaba la ley vigente, aquellos seres conservaban la mirada bovina que solo reflejan las mentes silenciosas. La mezcla resultante recreaba unos ciudadanos perfectos (parecidos a los que les habían encargado justo después de la campaña de Navidad que, por cierto, había sido un éxito) por lo que la patente se hizo de dominio público y se implementó en las escuelas y guarderías.

También la televisión adoptó el nuevo modelo.

La espera



Con los ojos puestos en los horizontes, ella espera. Tal vez mañana, o dentro de un mes... o tal vez nunca.

A escondidas de sí misma piensa que nunca será, pero aún así espera, quieta. Completamente quieta. Eternamente quieta.

Mimo (retratos)


Cada día, con el rostro ya limpio, ha de enfrentarse a la más difícil tarea: la de respresentarse a si mísmo.

Iniciación (cuentos)



Apenas cumplían la edad mínima exigida por la ley (una ley indulgente en este aspecto) se les regalaba el valioso reloj que iba a marcar el ritmo de sus pasos por el resto de sus vidas.

A partir de ese momento el tiempo se les escurría de entre los dedos, como a todos.
Aprendían entonces a restarle al tiempo ese valor incalculable que sólo demostraba un temperamento infantil y caprichoso; comprendían que era el reloj lo valioso, no el tiempo que éste marcaba.

Mohamed (retratos)


Tal vez allí, tal vez en el horizonte... Si pudiera alcanzarlo, tal vez todo fuera distinto.

Ausente (retratos)

Ausente de su propia vida y de las vidas ajenas, aterroriza con esa mirada en la que nunca se reflejó el amor.

Imperfecta (retratos)

Sabiéndose imperfecta en el mundo de los perfectos, apenas se atreve a ocupar el mínimo espacio que su gran talla necesita.

Los perfectos de talla inferior lo ocupan todo: las calles, los despachos importantes, los coches de lujo, las mansiones... A menor talla, mayor y mejor espacio, como tiene que ser.

Distinto paisaje (cuentos)


Pese a caminar de la mano desde hacía décadas, la vida parecía ofrecerles muy distintos paisajes.

Mi doble (cuentos)


Lamenté haber permitido aquel juego de imitación: mi copia me representaba mejor de lo que yo misma pudiera llegar a hacerlo nunca. Supe entonces que debía abandonar, que ella se haría cargo de todos mis asuntos, que ocuparía mi sitio, que dormiría en mi cama mejor de lo que yo nunca lo había hecho.


Fue entonces cuando empecé a dudar: ¿yo era yo, o lo era mi copia?

Máscara (retratos)

Si bien todos llevaban máscara en aquel balile (y fuera de éste), la de aquella criatura era peculiar: maleable, elástica, ajustable... adoptaba de inmediato el aspecto de su máscara interlocutora.

Un disfraz difícil de definir, desde luego.

Luz (retratos)



Incluso su sombra tenía luz.

Herida (retratos)

Su rostro ya no se parece al de antaño ni al rostro que había soñado tener, más bien parece dibujado por las heridas guardadas a lo largo de los años: un ojo triste, el otro suspicaz.

Aún así guarda las mil sonrisas, las de antes de cada herida.

El espejo (cuentos)



La tienda de antiguedades estaba abarrotada de hermosos objetos, pero ninguno llamó tanto mi atención cómo aquel espejo: en él se relejaba la imagen de una anciana... Guardabamos un extraño parecido.
No quise comprarlo. Temí saber demasiado en una sola mirada.

Caparazón (cuentos)



Un día comprendió con horror la fragilidad del ser y también la suya propia.

En la noche (cuentos)



Apretados, rebosando los edificios demasiado estrechos ya... en la noche, al apagar las luces, se sentían únicos bajo las estrellas. Algunos se sentían solos.

Parando los pies (cuentos)



Si bien no era usual que las personas tradicionalmente inferiores llegaran demasiado lejos, siempre había alguna excepción. Se hacía necesario entoces tomar medidas y pararles los pies, o al menos acortárselos para así demorar su llegada.
De ahí que las tijeras de podar hubieran perdido por completo la memoria de su función original (...de ahí también que al médico de los pies le llamaran podólogo).

El juego de los pequeños dioses (cuentos)




Ansiosos por demostrar su poder, los pequeños dioses mortales llevaban a la guillotina a inofensivas margaritas.

El presidente (cuentos)



Llegué casi sin aliento. La secretaria, pálida como la cal, hacía guardía frente al despacho del presidente.

-¿Cómo está? -pregunté ansioso.
-Está que trina...

Entreabrí la puerta con cautela, tan sólo una rendija... El piar presidencial amenazaba tormenta.

La secreta danza del mar (cuentos)


De día permanecía en calma: tan sólo una ola entre millones, silenciosa, ignorada.
De noche emergía apasionada, formando dragones, águias o montañas, en una frenética danza de la vida; llamaba a mi ventana con dedos espumosos, invitándome a participar en el ritual, noche tras noche, a lo largo de los años y de las vidas.

Nuestra cita secreta, nuestra danza salvaje, nuestra locura.

Muros (cuentos)


Finalmente decidimos construir un muro que impidiera venir a la gente del sur.
Durante un tiempo veíamos a los hombres y mujeres, incluso a niños... intentaban trepar el muro, nos pedían ayuda... Con el tiempo dejaron de acudir y ya no parecía haber vida al otro lado del muro.

Ahora son los otros, los del norte... Están construyendo un muro para nosotros, idéntico al que nosotros construímos para los del sur...

La mujer-cactus (cuentos)

mujer-cactus

Con apenas unas gotas de agua, la mujer-cactus podía sobrevivir largos meses en el árido desierto... de hecho tan sólo pereció al ser transplantada a una maceta: si bien tenía el agua asegurada, ésta se le antojaba demasiado estrecha.

Pistoleros de ciudad (retratos)


Desenfundan sus teléfonos móviles a velocidad digna de los mejores pistoleros, creyendo que el más rápido se lleva la chica, convencidos de que si lo tienen más pequeño (por una vez y sólo en este caso que nos ocupa), ganarán el gran duelo urbano.

Arriba y abajo (cuentos)



Quienes se obstinaban en mirar el mundo desde arriba tan solo lograban ver los suelos; el cielo y las alturas eran privilegio de quienes humildemente alzaban la mirada.

Tragándose las palabras (cuentos)


-¿Qué hay de cena?
-Esto -susurró la mujer dejando sobre la mesa un plato lleno de palabras. Eran las mismas palabras que él le había dirigido en la víspera durante la acalorada discusión.
-¡Saben amargas! -se quejó el hombre tras apenas probar la primera de sus palabras.
-Lo sé...

Afligido (retratos)



En ocasiones ya no encuentra su sonrisa, pese a todos los intentos. Demasiados tropiezos, quizá.

Olfato (cuentos)



¡Ese maldito olfato! ¿Quién se creía que era ? ¿Con qué derecho se empeñaba en mostrar una realidad que nadie quería ver?
Miró en dirección opuesta, desfigurada. Era mejor así.

La suegra (cuentos)


Cuando su queridito hijo marchaba de viaje, ella, solícita como nadie, se trasladaba a su cama, ocupaba su sitio y lo guardaba celosamente.
"No hay que meter la mano en el fuego por nadie" - solía decirle a su atónita nuera mientras se acurrucaba a su lado.

Endurecida (retratos)


Tanto tuvo que endurecerse y en tantas ocasiones, que al final de su vida apenas podía distinguir el contorno de su rostro sobre el lienzo de piedra.

Pájaros en la cabeza (cuentos)


Con tantos pájaros en la cabeza, todos piando, gorjeando o trinando... ¿cómo iba a escuchar la sútil voz del sentido común?

Pensamientos (cuentos)

Miró al Gran Censor, conocido también cómo el Gran Ojo; observó su oído de trompetillas doradas listas para captar hasta el más insignificante de los pensamientos, ya fuera éste inofensivo o no.
Inspiró hondo: estaba preparada, tras largas décadas de entrenamiento, al fin estaba preparada para lanzarse al mundo, desafiando al Gran Ojo.

Una, dos, tres... ¡ya! En ese instante lanzó al aire tantos pensamientos, que ni las miles de trompetillas doradas podían seguirles el hilo, ni sus más delicados filamentos podían captar una sola señal que pudiera descifrarse. Ella bailaba, y bailaba, loca de alegría: ¡había ganado! ¡había vencido al Gran Ojo! ¡sus pensamientos sobrevolaban el mundo!

...Horas después los pensamientos cayeron al suelo desfallecidos (unos niños los cubrieron con flores amarillas). Tan sólo eran pensamientos...

Amor ciego (cuentos)


Pese al color azul de su barba, ella se empeñaba en convertirle en un príncipe.

Delicado (retratos)


"Es que él es delicado" -se apresuran sus progenitores a justificar los violentos desaires del joven.

Piel de seda que cubre un alma de esparto y piedra... él es delicado.

La criatura salvaje (cuentos)


Quedó prendado de aquella criatura salvaje y delicada; quiso ser también amado por ella y así fue al cabo de un tiempo.
Quiso entonces tenerla siempre cerca, para bañarse en la luz delicada y salvaje que ella desprendía en cada risa y en cada mirada; al cabo de un tiempo así fue.
Entonces quiso... ¡lo quiso todo! Quiso adueñarse de todos los pensamientos de su amada, quiso que nada pudiera distraerla del amor que compartían.

...Al cabo de un tiempo así fue y aquella delicada criatura dejó ya de ser salvaje.

Solos (cuentos)


Desde su isla flotante miraba el horizonte repleto de soledades; los lejanos a su vez observaban en silencio las soledades que asomaban en los límites visibles del universo.
Eran tan parecidos... tan ajenos los unos a los otros...

Los apedreantes (cuentos)


En el estrecho callejón vi a unos seres enjutos que cacareaban en una mueca horrible.

-Están riendo- aclaró mi anfitrión que, afortunadamente, se había ofrecido a acompañarme en aquel primer paseo-. Son los apedreantes.

Mi ceja izquierda adoptó la forma de un interrogante: sabía que esa era la forma adecuada de expresarme en aquel lugar al que me había trasladado hacía escasas horas.

-Los apedreantes... -insistió mi acompañante-. Los cobardes, los que trabajan de linchadores...

¡Ah, sí! Me habían contado que en aquel extraño mundo eran los cobardes quienes se encargaban de linchar a pedradas a los "elementos peligrosos" y a los disidentes.

Sí, ya recordaba, eran los apedreantes. Los cobardes.

En boca cerrada (cuentos)


En boca cerrada no entraban soledades. Y, claro, ellas callaban.

Curioso fallo...

Había una vez un concurso de artículos sobre la mujer, con un jurado y un fallo. Había en ese concurso varias categorías, siendo una de ellas la de "Mejor Artículo sobre la Mujer de autoría femenina". En ese concurso y en esa categoría ganó, casualmente, un artículo que no habla justamente de las bondades de las mujeres, sino de la paranoica lucha de éstas por la igualdad, una lucha en la que hemos perdido el centro, parece ser. Nos estamos emparanoiando porque creemos que: " si nos piden un calzón, nos están diciendo siervas, lavanderas, esclavas, lacayas." ( digo yo ¿por qué no se coge él solito el calzón, o por qué no les pedimos nosotras unas bragas con la misma naturalidad?).

Por supuesto que el magnífico artículo que tan patente deja lo paranoico de la lucha por la igualdad no menciona ni la discriminación laboral (hasta un 35% de sueldo menos, invisibilidad, imposibilidad de ascenso a partir de cierto punto, etc y etc elevado al cuadrado), ni la aún omnipresente doble jornada que a las mujeres les toca realizar (una dentro y otra fuera de casa). O tal vez sí lo menciona, cuando nos señala que podemos tenerlo todo, podemos tener el ascenso y un costurero... (aquí voy a intentar mantener mi serenidad habitual, porque parece dicho de coña).

Concluye nuestra representante femenina en el concurso con la idea de que buscar la igualdad no hace más que realzar la diferencia y que la igualdad llegará cuando nos comportemos cómo iguales (cariño, te lo digo de primera mano, si te comportas como una igual, te quedas fuera de la sociedad, de verdad, pruebalo y luego me cuentas). Yo diría que la igualdad es cosa de todos, que si no se nos trata cómo iguales, por mucho que nos comportemos cómo tales, no hacemos nada: si por cada cosa hay que reivindicar, tendremos que seguir gastando el doble de energía; sí, yo seré todo lo valiente que quiera asumiendo el coste de comportarme como una igual, pero mientras mi jefe no me pague el mismo sueldo que a mi compañero masculino, no voy a tener igualdad de oportunidades con él; etc, etc, etc elevado al cuadrado de nuevo.

Me duele. Me duele que sigamos siendo nosotras mismas las que criticamos la lucha por la igualdad. Me duele que cuando hay un concurso de artículos sobre la mujer, en lo que a representación femenina se refiere gane el que devalua algo tan importante como la lucha por la igualdad. Me duele y me duele. Yo quisiera dejar ya esta lucha, pero sucesos cómo éste me dicen que hay que continuar.

Chic (retratos)


Oculta su acartonada vida tras la mirada sepenteante que considera tan chic.

Sofisticada y fría, a pesar de los esfuerzos.

Juez (retratos)



Juzga con el rabillo del ojo, sin más conocimiento de causa que su propia amargura.
Es juez sin parte, es implacable.

Cansada (retratos)


Cada día por el mismo camino, sobre sus propios pasos... diríase que el cielo se hace más pesado sobre ella, impidiéndole alzar la frente cansada.

Ciega (retratos)


No es ciega porque no ve, sino porque mantiene los ojos cerrados. Abrirlos sería demasiado doloroso; sería tomar decisones, sería comprenderse frágil y poderosa... Sería tener que marcharse a otro lugar.

Menudita (retratos)


Menudita... o tal vez menguada por el peso de los quehaceres que una vida en blanco y negro trae.
Pese a esto, sus ojos contemplan lejanías en secreto.

Ovejas (cuentos)



El día en que las ovejas comenzaron a llevar maletín, supe que nunca más volvería a distinguirlas de mis congéneres; fue por eso que aprendí a balar.

Adoradores (cuentos)


personaluna , por aminúscula.

Me contaron que en aquel lugar sólo había tres tipos de personas: las personas-sol (que desprendían una maravillosa y cálida luz), las personas-luna (que sólo brillaban gracias al resplandor de las personas-sol) y, por último, los adoradores.

Me resultó curioso observar que en aquel lejano lugar, igual que aquí, había más adoradores de la luna que del sol. También ellos se dejaban hechizar por un brillo robado.

A solas (cuentos)


a solas , por aminúscula.

De nuevo a solas, se apretaba fuertemente la cabeza entre las manos.

Las magulladuras dolían, pero menos que las palabras sangrantes que él le había escupido en la cara: éstas dolían hasta enloquecerla.

De nuevo a solas, siempre sola.

Despertar (cuentos)


despertar , por aminúscula.

La mujer-no-domada acaba de despertar tras décadas o siglos de sueño profundo...

Seca sus lágrimas, abre sus brazos al mundo y a la vida pese a los ceños fruncidos con el que los mortales muestran su desaprobación. Sabe que no volverá a dormirse, sabe que nunca fue domada, tan sólo acallada. Sabe que ella ya no es una simple mortal.
La mujer-no-domada ahora sostiene el cielo sobre las palmas de las manos.

De mis dibujos

Parece que este blog ha cambiado radicalmente desde que, hace tres semanas, he decidido que me importa un pimiento no saber dibujar, desde que he decidido probar a ver que pasa si junto dos colores y cuatro rayas...
Por un lado, ya no soy yo quien escribe, más bien parece que las historias se escriban solas, a través de mi. Por otro lado, las palabras ya no caminan solas, ni las imagenes nacen en solitario, todo es más fácil y más colorido... Y yo disfruto tanto, que debe ser pecado.

Lo cierto es que no sé dibujar, no soy pintora ni pretendo serlo. Gran parte de las imagenes que aquí véis están hechas por ordenador (que tiene la ventaja de poder deshacer cuando se te va la mano; más ecológico, eso sí) o en su totalidad, o retocadas. Sí, cada vez hago más dibujos en papel, en sólo tres semanas he llenado hojas y hojas, pero sigue sin ser mi fuerte... todavía. A veces no sale aquello que yo pretendo, a veces busco un color sin encontrarlo... y a veces un error es mejor que mi idea inicial.
Yo sólo pretendo poner imagenes a mis palabras, poque lo necesito así ahora, porque es la nueva etapa en la que me encuentro. No tengo la destreza, al menos no todavía, sólo tengo los ojos que ven y que sueñan. Tengo los colores bailando a mi alrededor, han irrumpido en mi vida con fuerza y tengo que aceptarlos, tengo que abrazarlos.

Gracias por vuestros maravillosos comentarios respecto a mis imagenes. Si hubiese recibido el mismo aliento de pequeña, en mis otros principios de aficiones, no sé dónde me encontraría ahora. Ahora cada vez que leo una palabra alentadora al respecto, simplemente no me lo puedo creer. No me lo puedo creer, de verdad, he vivido toda mi vida con esa espinita, la de no saber dibujar pese a provenir de familia de pintores, la espinita de ser la única "no pintora" de la familia. Ahora, de golpe, sólo porque me importa un pimiento pintar mal, sólo porque he decidido disfrutar del proceso en vez de esperar resultados, ocurre este milagro: no sólo me gusta a mi lo que pinto, sino también a vosotras/os. Increíble. De verdad, simplemente no me lo puedo creer.

Gracias por aceptar y abrazar conmigo los colores que han llegado a mi vida y a mi blog.

Bailando con el viento (cuentos)


bailando con el viento , por aminúscula.

Hace ya muchos años que andan enamorados el viento y la loca. Hace años que acuden a sus citas nocturnas para bailar la frenética danza.

...Entonces ella se convierte en viento: su pelo revolotea entre las hojas de los árboles, sus brazos se alargan hasta el otro lado del mar, su aliento agitado barre los continentes...
Él hace remolinos a su alrededor, enloqueciendo de pasión; se vuelve pequeño y humano, se hace temeroso...

Y así hasta el amanecer.

En silencio (cuentos)


sin silencio , por aminúscula.

Cuando quedó sordo, al fin pudo pensar.

Cuadriculado (retratos)


cuadriculado , por aminúscula.

Con la mirada bien encasillada en compartimentos grises, sabe como han de ser las cosas y cómo debieran serlo siempre.

Tanka

He sido amablemete invitada (por Almena, fuente de mis memes) a hacer esta cosa tan difícil que es un tanka. Yo he optado por la versión en prosa...

Vale, ahí van las reglas del juego:

*
Cada jugador invitará a dos participantes, indicándoles las reglas del juego y avisándolo en su blog.

*
El invitado, a quien se le pasa la estafeta, iniciará su composición con la frase "pivote" del participante anterior, quien deberá resaltarla con cursivas y en color rojo.

*
La forma será de tanka (tipo de poesía tradicional japonesa.) La forma tradicional consta de cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas. Un tanka puede ser un texto, dividido en cinco partes, usando treinta y un sílabas o menos, permitiendo que fluya la prosa poética dictando la longitud de las líneas que quedarán separadas por signos de puntuación. (La disposición de las sílabas puede ser irregular pero siempre conservando el mismo número de versos) El invitado elegirá la unidad rítmica que prefiera.

*
Debe existir el concepto de "pivote", o eje del poema: en algún punto en la tercera línea va a existir una imagen que relaciona o liga las dos primeras líneas con las dos últimas. (Mi pivote en rojo)

*
El tema será libre.

*
Cada participante debe señalar el blog del que proviene y enlazar a los blogs invitados.



Bien, ahí va el mío (partiendo de "hoy mis pasiones", que heredo de Almenita):

















Hoy mis pasiones acechan desde la sombra,
entre silencios. Callan, pero no duermen. Yo callo despierta.

Espero haber hecho un tanka, y no otra cosa... es que no estoy muy puesta en estos temas. Al menos me he esforzado...



¿A quien invito a participar? A cualquiera que lea esto y todavía no ha sido invitado (¿queda alguien?)

Fashion (retratos)


fashion , por aminúscula.

Una sonrisa torcida sobre su vida cuarteada. Tacones y humo, sobretodo mucho humo; noches ruidosas en tugurios también humeantes. Ella es fashion.

Los gatos y la luna (cuentos)


gato enamorado de la luna , por aminúscula.

Los gatos se enamoran de la luna con una facilidad pasmosa, desde el principio de los tiempos. Se enamoran y desde ese mismo instante pasan sus noches ante ella, intentando ser como ella, intentando atrapar su misterio...

La noche de San Valentín los gatos admiran a su bella luna entre cantos melancólicos. La admiran igual que cualquier otra noche, igual que en la noche de San Pedro, o de San Blas o de San Juan, igual que en las noches que no tienen santo, tan despistados andan en su embelesamiento.
¡Feliz San Miguel, queridos gatos!

Las ilusiones perdidas (retratos)

Ella baila. Desnuda su cuerpo ante las fogosas miradas de quienes ya no tienen pasión.
Baila en medio del fuego y, al acabar su triste danza, regresa al oscuro cuartucho donde guarda bajo llave sus ilusiones perdidas.