La suegra (cuentos)


Cuando su queridito hijo marchaba de viaje, ella, solícita como nadie, se trasladaba a su cama, ocupaba su sitio y lo guardaba celosamente.
"No hay que meter la mano en el fuego por nadie" - solía decirle a su atónita nuera mientras se acurrucaba a su lado.

Endurecida (retratos)


Tanto tuvo que endurecerse y en tantas ocasiones, que al final de su vida apenas podía distinguir el contorno de su rostro sobre el lienzo de piedra.

Pájaros en la cabeza (cuentos)


Con tantos pájaros en la cabeza, todos piando, gorjeando o trinando... ¿cómo iba a escuchar la sútil voz del sentido común?

Pensamientos (cuentos)

Miró al Gran Censor, conocido también cómo el Gran Ojo; observó su oído de trompetillas doradas listas para captar hasta el más insignificante de los pensamientos, ya fuera éste inofensivo o no.
Inspiró hondo: estaba preparada, tras largas décadas de entrenamiento, al fin estaba preparada para lanzarse al mundo, desafiando al Gran Ojo.

Una, dos, tres... ¡ya! En ese instante lanzó al aire tantos pensamientos, que ni las miles de trompetillas doradas podían seguirles el hilo, ni sus más delicados filamentos podían captar una sola señal que pudiera descifrarse. Ella bailaba, y bailaba, loca de alegría: ¡había ganado! ¡había vencido al Gran Ojo! ¡sus pensamientos sobrevolaban el mundo!

...Horas después los pensamientos cayeron al suelo desfallecidos (unos niños los cubrieron con flores amarillas). Tan sólo eran pensamientos...

Amor ciego (cuentos)


Pese al color azul de su barba, ella se empeñaba en convertirle en un príncipe.

Delicado (retratos)


"Es que él es delicado" -se apresuran sus progenitores a justificar los violentos desaires del joven.

Piel de seda que cubre un alma de esparto y piedra... él es delicado.

La criatura salvaje (cuentos)


Quedó prendado de aquella criatura salvaje y delicada; quiso ser también amado por ella y así fue al cabo de un tiempo.
Quiso entonces tenerla siempre cerca, para bañarse en la luz delicada y salvaje que ella desprendía en cada risa y en cada mirada; al cabo de un tiempo así fue.
Entonces quiso... ¡lo quiso todo! Quiso adueñarse de todos los pensamientos de su amada, quiso que nada pudiera distraerla del amor que compartían.

...Al cabo de un tiempo así fue y aquella delicada criatura dejó ya de ser salvaje.

Solos (cuentos)


Desde su isla flotante miraba el horizonte repleto de soledades; los lejanos a su vez observaban en silencio las soledades que asomaban en los límites visibles del universo.
Eran tan parecidos... tan ajenos los unos a los otros...

Los apedreantes (cuentos)


En el estrecho callejón vi a unos seres enjutos que cacareaban en una mueca horrible.

-Están riendo- aclaró mi anfitrión que, afortunadamente, se había ofrecido a acompañarme en aquel primer paseo-. Son los apedreantes.

Mi ceja izquierda adoptó la forma de un interrogante: sabía que esa era la forma adecuada de expresarme en aquel lugar al que me había trasladado hacía escasas horas.

-Los apedreantes... -insistió mi acompañante-. Los cobardes, los que trabajan de linchadores...

¡Ah, sí! Me habían contado que en aquel extraño mundo eran los cobardes quienes se encargaban de linchar a pedradas a los "elementos peligrosos" y a los disidentes.

Sí, ya recordaba, eran los apedreantes. Los cobardes.