Herida (retratos)

Su rostro ya no se parece al de antaño ni al rostro que había soñado tener, más bien parece dibujado por las heridas guardadas a lo largo de los años: un ojo triste, el otro suspicaz.

Aún así guarda las mil sonrisas, las de antes de cada herida.

El espejo (cuentos)



La tienda de antiguedades estaba abarrotada de hermosos objetos, pero ninguno llamó tanto mi atención cómo aquel espejo: en él se relejaba la imagen de una anciana... Guardabamos un extraño parecido.
No quise comprarlo. Temí saber demasiado en una sola mirada.

Caparazón (cuentos)



Un día comprendió con horror la fragilidad del ser y también la suya propia.

En la noche (cuentos)



Apretados, rebosando los edificios demasiado estrechos ya... en la noche, al apagar las luces, se sentían únicos bajo las estrellas. Algunos se sentían solos.

Parando los pies (cuentos)



Si bien no era usual que las personas tradicionalmente inferiores llegaran demasiado lejos, siempre había alguna excepción. Se hacía necesario entoces tomar medidas y pararles los pies, o al menos acortárselos para así demorar su llegada.
De ahí que las tijeras de podar hubieran perdido por completo la memoria de su función original (...de ahí también que al médico de los pies le llamaran podólogo).

El juego de los pequeños dioses (cuentos)




Ansiosos por demostrar su poder, los pequeños dioses mortales llevaban a la guillotina a inofensivas margaritas.

El presidente (cuentos)



Llegué casi sin aliento. La secretaria, pálida como la cal, hacía guardía frente al despacho del presidente.

-¿Cómo está? -pregunté ansioso.
-Está que trina...

Entreabrí la puerta con cautela, tan sólo una rendija... El piar presidencial amenazaba tormenta.