Un pobre hombre


El pobre hombre apretaba con fuerza las rodillas sobre sus sienes, pero aun así no podía olvidarla... ni por un instante podía.

Una orquesta de mujeres


Acariciados por aquellas mujeres, los instrumentos ronroneaban agradecidos.

Un sueño

La habitación ondulaba, como reflejada en un platito de miel; el rostro de ella escapaba siempre, por un lateral del sueño.

Intermedio


Y después arreglaba las sábanas para la próxima sesión, la espalda encorvada. El siguiente sería más joven, seguro.

Demonios


Incondicionales, los propios demonios se plasmaban al menor descuido del trazo.