Café-teatro

(en un restaurante, A. y E. ante un café)

A.(sonriendo): ...Me siento completamente realizada, sí. Y dime ¿tú porque no buscas novio?

(E. titubea; sonríe también mientras baraja las distintas posibilidades:)


Situación hipotética primera

A.(sonriendo): Y dime ¿tú porque no buscas novio?
E. (sonriendo también): Y tú ¿porqué no te compras un zepelín?
A.(al público, afectada): ¡Qué mal genio! Es una amargada.


Situación hipotética segunda

A.(sonriendo): Y dime ¿tú porque no buscas novio?
E. (sonriendo): Bueno, es que no encuentro a nadie interesante ¿qué se le va a hacer?
A.(al público, sonriendo): Pobrecita, quiere y no puede, acabará siendo una amargada.


Situación hipotética tercera

A.(sonriendo): Y dime ¿tú porque no buscas novio?
E.: Porque estoy bien sola.
A.(al público, complacida): Ya, ya, quiere pero no puede. O es una amargada que sufre androfobia.


(E. sigue sonriendo petrificada por las nefastas opciones)

E. (al público): Mierda de teatro que estamos representando la una hacia la otra. Y mierda de guión estúpido.

(El público aplaude complacido. )

Las reglas del juego

El juego consistía en atraparse con una de estas redes que sirven para capturar mariposas. El primero en conseguir una presa tenía derecho a decidir lo que ésta tenía que hacer.
En realidad todos decidían un poco o, mejor dicho, nadie decidía nada: había reglas concretas sobre qué hacer en cada situación posible y, fuera quien fuera el atrapante, las decisiones tomadas serían idénticas, variando solamente la persona que debía comunicarlas.

Pura formalidad para ser sinceros, no era necesario comunicar nada porque todo el mundo conocía las decisiones que iban a tomarse. Pero también había reglas al respecto, reglas que exigían comunicar formalmente las decisiones sobre lo que se debía hacer, preferiblemente durante la cena de Noche Buena o, de ser otra época del año, los domingos a las tres o tres y media.