Espejos de bolsillo


Continuamente llegan a mis manos espejos de bolsillo. "Por algo será", me digo y los guardo en la chaqueta aún sabiéndome sin posibilidad de reflejarme en ellos alguna vez. Debe ser una broma de quienes fabrican las casualidades, o de los los de la sección de objetos perdidos. Sonrío y recojo cada uno de los espejos que ponen en mi camino siempre y cuando quepan en el bolsillo interior de una chaqueta corriente.

En un día normal puedo llegar a encontrar unos ocho espejitos, pero alguna vez he tenido que cargar con muchos más, hasta ciento veinte he llegado a contar.

Pienso que es normal, la vida regala peines a los calvos y espejos a los vampiros. Desde siempre.

Desconcertada

Ayer por la tarde volvía a casa de trabajar, con la pacífica visión de una sopa caliente y un largo fin de semana entre libros por delante. De pronto, tres chavales de unos diecisiete años, me golpearon muy fuerte y salieron corriendo entre risas.
Busqué mi bolso de inmediato, pero seguía en su sitio. Por lo visto no se trataba de un atraco, sólo eran unos jóvenes que se divertían golpeando a una mujer.

Físicamente estoy bien, pero tengo un nudo en la garganta y tengo miedo. Miedo de volver del trabajo la semana que viene y miedo a que se ponga de moda divertirse pegando a las mujeres: ya he oído visto bastantes cosas sobre jóvenes que agreden por diversión o por colgar el vídeo de la escena en Internet. No creía que fuera a ocurrirme a mi, nunca creemos que nos va a ocurrir a nosotros.

Confieso que no he digerido la situación. No la he digerido en absoluto, pero no voy a ser víctima de estos seres por segunda vez: no habrá bajón y no habrá renuncia a mi constante lucha por la paz. Y no voy a perder mi confianza en que los seres humanos, en su mayoría, son buenos. Ni voy a dudar de que la paz entre los humanos es posible.

Free Burma


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