Feliz 2009

¿Le damos ya un buen bocado a este prometedor 2009?

Autobiografía


Esta mañana he encontrado un lagarto sobre mi diario. Permanece quieto, podría pasar por un lagarto de plástico de no ser por el parpadeo que le delata.
No sé qué hace allí ni quién le ha mandado impedir que escriba bajo ningún concepto (porque esa es su misión, seguro), pero un día más encuentro impedimentos para anotar lo ocurrido en la víspera, la antevíspera o hace una semana, que es cuando empezó todo. Con el tiempo, los acontecimientos van haciéndose borrosos y, sinceramente, ya no recuerdo bien el principio, ni los hechos exactos, he contado tantas veces la historia con algún que otro adorno, que ya no recuerdo qué fue realmente lo que sucedió.

Si me centro en lo sucedido ayer sé que lograría relatarlo con precisión, aunque le faltaría el principio de todo, principio que incluye las razones. Pero el maldito lagarto parpadea desde la cubierta del diario, decidido a no moverse de ahí bajo ningún concepto. El recuerdo exacto del día de ayer también se habrá esfumado mañana, en el olvido o entre detalles inventados por entretener a las muchachas. Me gusta verlas reír.

Con suerte, mañana podré empezar a relatar mi historia, empezando por el día de hoy. Contaré lo del lagarto y todo lo que vaya a suceder a continuación. Diré que nada de lo anterior ha tenido un registro formal debido a las múltiples causas; aquí volveré a aludir al lagarto, contaré que el reptil lleva una semana sobre el diario y me he visto obligada a darle de comer aquí mismo, sobre el cuaderno, por motivos puramente humanitarios. Que, además, no quisiéramos tener un cadáver verde y una investigación policial.

Los pies del gato


Con el sombrero puesto no podíamos equivocarnos, eran las reglas. Y lo llevábamos puesto, en la pregunta anterior lo habíamos solicitado, por si caía un chaparrón tras nuestra respuesta (de la que no estábamos muy seguros), para proteger un poco el tinte que mamá se había echado el adía anterior.

El resto de los concursantes nos miraban ávidos, un sólo fallo con el sombrero puesto y seríamos historia. Es lo que esperaban desde el principio, sabían que de lo contrario no llegarían a nuestra altura.

- Tres -dijo mi hermana pequeña.

Sacaron el gato de la chistera y le contaron los pies, delante de todo el mundo: "Uno, dos, tres...". Buscaron más, intentaron contar también la cola como pie, pero no, el gato tenía tres pies y por más que le buscaran cuatro, sólo encontrarían tres, hoy y siempre.

Pescado


Desde el día en que pescó a su marido quedó fascinada con él. Con todo el cuidado del que fue capaz quitó el anzuelo prendido en el labio superior y le limpió las algas que llevaba pegadas desde hacía a saber cuanto tiempo (ya se sabe lo desastres que son los solteros para estas cosas). Él creyó que le devolvería al mar, como hacen todos los pescadores que desprenden con cuidado los anzuelos, pero se equivocaba, jamás volvió a ser liberado y años más tarde se lo reprochó, desde el plato.

Ella tampoco acabó muy contenta con su marido. Por ejemplo estaba el tema del plato. Ni de lejos había sido su intención molestarle, ella había pensado que el lecho más cómodo para un pescado debía ser un plato llano, como mandaban las reglas y las buenas maneras. Lo puso en plato de porcelana, con todo el cariño del mundo y él, ingrato, no hacía más que quejarse. Lo cambió a una fuente de esas de servir, para que esté más ancho, pero ni por éstas. Nada de lo que ella pudiera hacer complacía al pescado.

En el juicio declaró que no sabía que el horno estaba encendido. Que había puesto al pescado en aquella bandeja porque estuviera más cómodo y había cerrado la puerta del horno por no oír sus ronquidos. Nadie la creyó, pero como sólo se trataba de un pescado, quedó absuelta.

Ideas

En mi juventud atravesé una etapa en la que me dio por masticar ideas sin parar, como quien se muerde las uñas, se estruja los granos o cualquier otro tic; mi obsesión era masticar ideas.

Por un tiempo el hábito fue provechoso porque me obligaba a tener nuevas ideas cada día, incluso cada hora para después, cuando el vicio se hubo consolidado, cada veinte o treinta minutos. Oh, sí, tan grande era mi necesidad en un momento dado, que ni de noche lograba dormir de un tirón, me despertaba en la madrugada y no volvía a conciliar el sueño hasta masticar dos o tres ideas nuevas.

Pero esta edad de oro de autoabastecimiento no duró mucho, pronto mis ideas dejaron de surgir con tanta facilidad (los dientes, por cierto, se me volvieron amarillentos) y tuve que inventar otras maneras de conseguir las ideas necesarias para mantenerme tranquila. Empecé por tomar prestadas algunas ideas de los demás, ideas que recogía de imágenes o de cuentos, de alguna noticia del periódico... en fin, todos lo hemos hecho alguna vez y, aunque no esté muy orgullosa de esto, tampoco me considero muy vil por ello, son cosas de la juventud, la curiosidad, ya se sabe.
De lo que no me siento tan orgullosa es de cuando, en una desesperación sin limites por masticar las ideas dejé de devolver las que tomaba prestadas y hasta me decidí a robarlas fuese como fuese. Entré entonces en una etapa oscura, me volví cabizbaja y huraña, huía de mis semejantes a menos que se acercaran a mi con una idea en la mano o en la boca (¡llegué a robar ideas de la propia boca del masticante, húmedas y ya ensalivadas, pero me daba igual!), entraba en casa de mis padres con los ojos puestos en las ideas que pudieran haberse dejado a la vista para acordarse de masticarlas después de la cena o con la almohada, mendigaba y atracaba a los pensadores en plena calle amenazando o lloriqueándoles. Tuvieron que encerrarme por varios meses en una de esas residencias donde se quitan los vicios de toda clase.

Fue difícil dejarme sin ideas: yo me resistía y no aceptaba de ningún modo los tratamientos, no admitía en absoluto mi problema de adicción.

Ahora estoy limpia. Llevo cinco años, dos meses y trece días sin masticar una sola idea. He rehecho mi vida, he recuperado a mis amigos y mi familia me quiere y me aprecia más que nunca.

Adios, Bic


Este es uno de mis dibujos hechos con el bolígrafo Bic de toda la vida, uno de mis dibujos favoritos, aunque no el único que me gusta. Realmente hemos hecho buenas migas Bic y yo hasta el momento y era mi instrumento de dibujo favorito.

Era, lo subrayo. A partir de ahora ninguno de mis dibujos será hecho con un bolígrafo Bic, ni usaré ninguno de sus otros productos. Yo no lo sabía, pero Bic es una marca que gusta de la experimentación con animales, una de las prácticas más crueles que el ser humano ha sido capaz de inventar, algo tan inhumano que desmerecemos nuestro nombre.

Hay otras opciones para los bolígrafos, para los champús y para cualquier producto que usemos (incluso la carne) sin demasiadas complicaciones para nuestra vida. Yo las he encontrado cuando, hace algo más de un año, decidí no volver a comerme a nadie (y he de confesar que he salido muy beneficiada con este cambio, en salud, en energía y en aspecto).

Quiero pedir a todo el mundo que, aunque no dejen de comer productos de origen animal, al menos dejen de usar las marcas que torturan animales en sus experimentos de forma tan cruel. Repito, hay opciones, hay marcas de uso corriente que no son tan crueles, que no nos rebajan tanto a los humanos. En vez de Bic, usemos Paper Mate, o Pilot, o Staedtler. Aquí podéis encontrar las marcas más humanas (buscador en inglés), y aquí un listado en español. Veréis que hay muchas en vuestro supermercado habitual , no necesitáis grandes cambios para no participar en la crueldad injustificada, porque ni el cabello más brillante, ni la piel más tersa merece tanto dolor y sufrimiento por parte de otro ser.

Yo desde luego me despido de Bic (de los otros productos ya me había despedido), así dormiré más tranquila.

Hacerse el duro


Al principio de todo se quedaba tenso por un rato, apretando todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, con todas las fuerzas de las que era capaz. Al cabo de unos minutos esto le suponía ciertos dolores de poca importancia, pero después se iba sintiendo más y más molesto cada vez.

-Deja de hacerte el duro -le decíamos.

Todos sabíamos cuanto estaba sufriendo, pero no había modo de convencerle para abandonar aquella pantomima. Había decidido hacerse el duro y punto. Con el tiempo no es que fueran a cesar los dolores, sino que él se acostumbró a ellos y ni se acordaba de que aquello que sentía para otros significaba "dolor". Día tras día fueron alargándose esos momentos de dureza y en pocas semanas logró permanecer así por varias horas, luego por días y finalmente así se quedó.

Quienes venían de fuera (porque con el tiempo se convirtió en atracción turística y fuente de ingresos para el pueblo) creían en principio que no era tan duro. Le rozaban el brazo con la yema de un dedo, como niños tímidos, cerciorándose de que lo va a permitir, después se animaban y empezaban a hacer todo tipo de pruebas para comprobar su dureza, algunos intentando hacerle desmoronar. Luego se hacían la foto con él, compraban la postal o la figurita que le representaba y hacían acopio de folletos con su imagen desde distintos ángulos. Después se marchaban por donde habían venido (salvo unos pocos que marchaban en dirección contraria a la que habían llegado, continuando, se ve, un viaje más largo que el de la mayoría; la verdad es que una vez vendidas las figuritas, poco nos importaba a la mayoría de nosotros por donde marchaban, pero yo siempre he sido de naturaleza observadora y no se me ha escapado este detalle).

Por las noches se quedaba solo, en la plaza donde le teníamos expuesto para los turistas. Había endurecido tanto que ni aún queriendo hubiera sido capaz de pestañear siquiera. Le tapábamos con una manta en invierno y en las noches más frías nos lo llevábamos a casa algún vecino, por si acaso, aunque muchos opinaban que ya no sentía ni el dolor del frío ni del del granizo golpeando en su cabeza. A mi me parecía bien que se lo llevaran, hay que ser piadoso incluso con quien cree no ser capaz de sufrir nunca.

Cuando los turistas dejaron de interesarse por él, y en consecuencia de visitarnos, se lo llevaron a un almacén. No volvimos a saber de él ni a acordarnos de su existencia. De hecho no sé a santo de qué les hablo ahora de él, ni sé cómo he podido hilar tantas palabras en su memoria porque nunca hizo nada más que eso, hacerse el duro.

Explicaciones


He tenido que desarrollar otras maneras de explicarme. Las explicaciones convencionales no sirven para según qué tema. Por ejemplo, que yo prefiera coleccionar rinocerontes en vez de elefantes o búhos. Esto no resulta compresible de buenas a primeras y decir simplemente que uno prefiere hacerlo así no es una explicación satisfactoria.

Lo que es un hecho es que hay que dar la explicación convincente, pero no tanto como para que resulte irrefutable y el coleccionista de búhos sienta un ligero desequilibrio, es mejor que seas tú mismo el que queda en desequilibrio, cuestionándote si es cierto que querías esos rinocerontes o es que tienes un trauma que todos los demás, titulados o no, ya te han diagnosticado, de hecho.

Entonces, sólo queda explicar. Sólo queda desarrollar nuevas maneras, nuevas palabras y nuevas posiciones corporales (poner los ojos bizcos, por ejemplo) para que quien te interroga tenga el beneficio de su equilibrio y la confirmación de la ausencia del tuyo, pues nadie que coleccione rinocerontes puede estar en su sano juicio. Nadie.

Dibujando cronopios


De nuevo dibujando cronopios. ¿Qué tendrán estos seres que se me antojan tan ilustrables?

El de arriba está inspirado en "Flor y cronopio" (podéis leer el minicuento aquí, junto a otras joyas del mismo tipo que acabaré dibujando con el tiempo) y éste otro es más realista, con modelo al natural (mi propio cronopio... y mi propio lápiz) aunque, al parecer él no disfrutó la experiencia.

Regreso sorpresa


Sorprendentemente (incluso para mi) regresa aMINUSCULA. Este personajillo se me ha metido por debajo de la piel y me es ya imposible deshacerme de ella "para siempre". Confieso que me hace ilusión volver a convivir con ella y espero que a vosotros también os alegre el reencuentro (que os alegréis de conocerla para quienes la veréis por primera vez).

Gracias por estar por aquí siempre, aunque yo venga y vaya.

Una pausa



Estoy escribiendo más que nunca y dibujando más que nunca, pero al contrario de lo que se esperaría, ello supone no tener tiempo para el blog. Esto se debe a que estoy en una fase más de experimentación y aprendizaje de nuevas técnicas y temas (tanto en la escritura como en el dibujo) que de "producción". Ahora me intereso mucho por el proceso, más que por el resultado y menos aún por pulir esos resultados. Es tiempo de siembra y la siembra siempre conlleva una dosis de introspección y soledad.

Seguiré publicando mis dibujos en Flickr, no sé por qué no tengo pudor para publicar mis bocetos dibujados, en cambio jamás publicaría un texto que no estuviera pulido. Tendré que descubrir de dónde viene esta discriminación que hago entre mis dos amores.

Os dejo con esta imagen, futura historia, que está germinando ahora en mi cabeza. Os sigo leyendo, esto no va a cambiar. ¡Hasta la vuelta!

Arte y pico

De la mano de Chocoadicta me llegó hace unos días el premio "Arte y pico" con maravillosas palabras sobre este blog. Muchas gracias, Chocoadicta, como ya te comenté, lo aprecio especialmente por venir de ti.

Voy a aprovechar la ocasión para "nominar" yo también y además para nominar algunos blogs que leo sin dejar huella, a los que estoy suscrita y que posiblemente desconocen mi existencia, pero que merecen este premio con creces.

1.Uno de mis favoritos, de "lectura" diaria (y si puede ser el primero, mejor) es el blog de Alberto Montt, que me hace reír cada día. Es el mejor regalo que alguien puede hacerme, así que el premio lo tiene ganado y bien ganado.

2. Arte y pico al cuadrado es lo que se puede encontrar en el Coso de ilustradores, un blog de ilustración en el que decenas de ilustradores publican su trabajo. Cada semana se plantea un tema de trabajo y los participantes hacen sus aportaciones al respecto, ya sea con trabajos nuevos o rescatando alguno que ya tuvieran hecho y que encaje en el tema.

3. En este caso se trata de un blog de letras, donde en dosis minúsculas (de las que a mi me gustan), se nos dan pildoritas de humor y sabiduría: Los Minicuentos

4. El guionista hastiado es un blog muy interesante que nos destapa los entresijos del mundo televisivo, nos invita a degustar fragmentos de guiones interesantes y mucho más. Un blog inteligente.

5. Y hablando de degustar, lo mejor es pasarse por El delantal verde, coger cualquiera de las recetas vegetarianas que publica, cocinarla con amor y ponerse las botas. La de ayer debe estar para chuparse los dedos.

Os recomiendo que visitéis a todos y cada uno de estos blogs.



Bien, ahí van las normas del premio, por si alguno de los mencionados pasan por aquí de casualidad (juas!) y quieren seguirlas:

1. Debes elegir a 5 blogs que consideres sean merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma.

2. Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autor/a y el enlace a su blog para que todos lo visiten.

3. Cada premiado debe exhibir el premio y colocar el nombre y el enlace al blog de la persona que lo ha premiado.

4. Premiado y premiador deben exhibir el enlace de Arte y Pico, para que todos sepan el origen de este premio.

5. Exhibir estas reglas.

La escribiente


Las mujeres del pueblo acudían a la escribiente muy a regañadientes, pero no había otra si querían a alguien a quien dictarle las cartas para sus familiares emigrados.
Algunas ancianas tardaban en hacerlo, pedirle este favor era casi como pactar con el diablo: dónde se había visto una mujer que supiera leer y escribir y dónde, además, que se ganara la vida con esto. Corría el rumor que la tinta le había envenenado la sangre y secado las entrañas, que Dios se había vengado de su atrevimiento dejándola sin hijos y sin posibilidad de tenerlos; casi nadie en el pueblo dudaba de que así era.

Pero acudían a ella, manteniendo la mirada bien apartada del endiablado papel y al marchar escupían con desprecio, derecho que consideraban haber adquirido al pagar los costes de la tinta y el papel.

¿Dónde se había visto a una mujer que supiera escribir y se ganara la vida con esto?

Mascotas


- La verdad es que canta bien y da cierta alegría a la casa. Desde pequeñita siempre he querido tener un tenor como mascota.
- Y ¿no te da pena tenerle ahí, enjaulado como a un delincuente?
- Que va -me contestó la anfitriona-. Mira, tiene todas sus necesidades cubiertas, hemos leído muchas revistas sobre las costumbres de los humanos y le hemos arreglado la jaula considerando todas estas cuestiones, mientras que en libertad no duraría ni dos días ¿no crees?

No, no lo creía.

- Bueno, entremos en casa que empieza a refrescar. -La anfitriona hizo un "cuchi-cuchi" cariñoso hacia el tenor y se dispuso a abandonar el balcón.
- ¿No vas a meter en casa al pobre tenor? -me asombré.
-No -contestó la anfitriona torciendo la nariz-. Cantar, canta todo lo bien que quieras, pero es un poco cochinito y a veces empieza a hacer sus necesidades... En el pequeño inodoro, sí, pero da un poco de cosa y además huele. Pero no te preocupes, está acostumbrado. Ya verás como enseguida encuentra un lugar donde acurrucarse y protegerse del viento.

Diversidad, otredad y abejamsters


Nadie dudaba (menos aún las propias abejas) que su sociedad era de lo más organizado y, desde luego, la más avanzada. En fin, puede que algunos animales simplemente ignoraran si las abejas vivían así o asá, pero dudar, nadie dudaba.

El caso es que éstas quisieron poner ya un poco de orden en el mundo, quisieron hacer llegar los beneficios de su magnífica estructura social a los demás animalitos (que así los llamaban, por no llamarles bestias) y educarles en la convivencia. Desde una perspectiva de la diversidad, por supuesto, esta palabra ocupaba un lugar tan importante en su vocabulario que algún que otro niño llegó a creer que el sonido que emitían las abejas era un bisbiseante "diversidad-diversidad-diversidad".

Y con este enorme respeto hacia la otredad (palabra importante también), hicieron que todos los roedores del entorno fueran sacados de sus madrigueras y realojados en amplias colmenas. Les proporcionaron alas de segunda mano y hasta pintaron sus cuerpos de rayas para una mayor integración.

Pero, malditas ratas, cualquiera diría que no quisieran integrarse, volvían una y otra vez a sus agujeros, rechazando la miel (que aún no habían aprendido muy bien a producir, tal vez fuera la causa, quién sabe) por sucias raices y algunos cereales.
Si es que ni aunque la mona se vista de seda.

Coqueta máquina de escribir



Todo empezó el día en que le regalé sus primeros zapatos de tacón, quería mimarla para que deje de pensar que es sólo un instrumento. Y que estuviera guapa también ¿por qué no?

Y ahora no me deja tocarla, hace meses de esto. Cuando no le duelen los pies, tiene hora al pedicuro y cuando no al podólogo.

No, no es una excusa mía para evitar escribir, las cosas se torcieron de verdad hasta el punto en el que me encuentro hoy, completamente desesperado. Confieso que he llegado a acariciar la idea de cambiarla por una computadora. Lo he pensado, sí, soy humano... aunque también ella parece serlo ahora.

¡Maldita la hora en que le regalé esos coquetos zapatos!

Cambios

Cambio de look, cambio de medios... Cambio, cambio, cambio. Será el nuevo año o serán puras ganas de renovarse.

En la imagen, mi cuaderno de "escribujos". Todo boli, excepto las letras, que están escritas con pluma, como es debido.

El pequeño violinista



-¡Es usted un aburrido! ¿Por qué no toca solo para usted? -vociferó.

El niño violinista dejó de tocar. No podía soportar semejante crítica ni aunque el trato con el que se la hacían fuera de usted. Él no era aburrido, sólo melódico. Los vecinos le pedían cinco euros diarios por dejarle tocar en aquella esquina, pero nunca se le ocurrió pensar que el pago exigido fuera por su aburrida manera de tocar.

Miró hacia la ventana desde la que habían venido las palabras mortales. Un hombre sin afeitar, en camiseta interior de color más o menos intenso según la proximidad o lejanía de las axilas, o de la trayectoria boca-ombligo, sonreía complacido por el bochorno que había provocado en el chico.

-¿Qué? has perdido tu piar ¿eh? Alé, pues con la música a otra parte, jajajajajaja.

Con lo que había pagado tenía permiso para tocar tres horas más y bien sabía él cuanto lo necesitaba: en tres horas podría reunir en la gorra los cinco euros que le permitirían tocar al día siguiente, cuando reuniría el dinero para volver a tocar un día más y después otro más.

-Tengo derecho a tocar -susurró el niño en dirección al balcón, medio obstinado, medio temeroso.

Tocó de nuevo. El hombre de la camiseta escupió la acera y cerró la ventana; fastidiaría mejor a su mujer, ella no era tan obstinada.