El pequeño violinista



-¡Es usted un aburrido! ¿Por qué no toca solo para usted? -vociferó.

El niño violinista dejó de tocar. No podía soportar semejante crítica ni aunque el trato con el que se la hacían fuera de usted. Él no era aburrido, sólo melódico. Los vecinos le pedían cinco euros diarios por dejarle tocar en aquella esquina, pero nunca se le ocurrió pensar que el pago exigido fuera por su aburrida manera de tocar.

Miró hacia la ventana desde la que habían venido las palabras mortales. Un hombre sin afeitar, en camiseta interior de color más o menos intenso según la proximidad o lejanía de las axilas, o de la trayectoria boca-ombligo, sonreía complacido por el bochorno que había provocado en el chico.

-¿Qué? has perdido tu piar ¿eh? Alé, pues con la música a otra parte, jajajajajaja.

Con lo que había pagado tenía permiso para tocar tres horas más y bien sabía él cuanto lo necesitaba: en tres horas podría reunir en la gorra los cinco euros que le permitirían tocar al día siguiente, cuando reuniría el dinero para volver a tocar un día más y después otro más.

-Tengo derecho a tocar -susurró el niño en dirección al balcón, medio obstinado, medio temeroso.

Tocó de nuevo. El hombre de la camiseta escupió la acera y cerró la ventana; fastidiaría mejor a su mujer, ella no era tan obstinada.

11 comentarios:

  1. ¿A cuantos en el mundo
    no se mandan
    a tocar los violines
    a otra parte?

    Molestan
    pues resultan aburridos
    que en el arte musical
    lo de ciertos individuos
    es clamar en el desierto
    que a los oidos decentes
    con según qué recitales
    escandalizan si en ellos
    se dice lo que no quieren
    escuchar, cosas que asustan.

    Pobres músicos a los que nadie quiere escuchar, mas, como todos tienen derecho a expresar sus sentimientos aunque haya un mundo indiferente.

    Salud.

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  2. Me ha encantado. Triste, pero precioso. Y, fantástica la forma en que describes la intolerancia, la falta de sensibilidad...

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  3. El Hoy es lo que importa... Interpretar la melodía de la vida y conseguir que cuando el mañana inexistente llegue, poder seguir expresando lo que nace de dentro.

    Muchos besitos

    La niña viajera

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  4. Esta historia me gustaría más si no fuera porque me toca de forma personal.

    Yo trabajo de lunes a viernes, y los fines de semana, que es cuando puedo descansar, tengo que aguantar a un "mendigo" con un acordeón bajo mi ventana.

    No me parece justo. Cada cosa en su sitio y en su momento.

    Por lo demás, la historia me parece que está muy bien contada.

    Un saludo.

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  5. ...El caso es fastidiar para sentirse "hombre". ¡Que pena de criatura! Estos son los que me gusta ver a mi cuando encuentran la horma de su zapato.

    Besos

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  6. un derecho a tocar
    todos nosotros debiamos tener ese derecho...

    abrazo serrano

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  7. Un pobre hombre, cuya felicidad reside en arruinar la de los demás...

    Besos, querida aminúsculA

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  8. Que mundo este tan intolerante, parece que algunos nacieron para acabar de un plumazo con las ilusiones de los demás a falta de unas propias de las que enorgullecerse...

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  9. Pobre mujer que sin querer se convirtió en la gran protagonista de esta historia.
    Una mujer minúscula.

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  10. Hay gente que sus frustaciones y su intolerancia la convierten en violencia hacia los demás, buscando una especie de autoafirmación y justificacion de su fracaso en la violencia.
    Un beso

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  11. EXTRAÑAMENTE BUENO..si señor.

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