Cuentos

Yo sabía que en príncipe no se iba a convertir, un sapo es un sapo y un príncipe un príncipe, lo demás eran cuentos. Pero me gustaban mucho los animales ya desde pequeña y pensaba en el pobre sapito, al que todos rechazaban asqueados y al que nadie besaría jamás.
El sapo en cambio, sin saberlo yo, era uno de los animalitos más besados que jamás habían existido, todo ello debido a la gran tradición cuentista de mi pueblo. En realidad no había niña en todo el pueblo que no hubiera besado al sapo, en las mejillas, en la bocaza y hasta en la tripa resbaladiza y maloliente. Pero el sapo seguía siendo sapo, cada vez más gordo y arrogante, cada vez más feo y mugriento.
Y después de mi beso siguió siendo sapo, pero aún más engreído por su principesco origen y exquisita belleza.

7 comentarios:

  1. Buena metafora de la vida. Uno se pasa la vida buscando principes y princesas siendo que el sapo esta ahi, sin miramientos, sin remilgos, sin tapujos, mas que dispuesto a compartir nuestra soledad.

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  2. El amor incondicional lo embellece todo.

    Besitosss

    P.D. Me gusta este bloc/g

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  3. jajaja con lo que me gustan los cuentos!! vaya sapo descarado! hay mas de un par en la vida, lo mejor es reconocerlos a tiempo y no dejarse llevar por la "tradición cuentista" jajajaj

    :)

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  4. A más adorado, más engreido el sapo... y las personas...


    Besos

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  5. Con la tontería el sapo era más besado que el propio príncipe, me da a mí la impresión.

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  6. La vida está llena de sapos... y de besos.

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