Tiempo perdido

Había perdido todo su tiempo: ahora lo tenía y ahora, de pronto, ya no lo tenía.
¿Cómo volver a casa sin un sólo minuto en los bolsillos? Su mujer le daría un buen sermón como recompensa, ella siempre estaba muy pendiente del asunto, que si llegas tarde, que si se te va a echar el tiempo encima, que si qué haces en el sofá perdiendo el tiempo (y con razón, siempre aparecían minutos sueltos por entre los cojines a la hora de limpiar).
Podría decirle que se lo había dejado olvidado en la barra de un bar, en el autobús, o vete a saber dónde. Cualquier cosa menos la verdad: lo había apostado todo en la oficina y lo había perdido.

7 comentarios:

  1. Dios mío, ¡qué triste y qué cierto!
    Un beso, bonita reforma.

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  2. Parece una apuesta del Fausto. Como decía un personaje de la tv de aquí de hace muchos años, que imitaba a un español: Qué gracia tienes!!!

    Qué bonita es esta plantilla, mi cronopia jugadora del tiempo y sus minutos.

    Un beso.

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  3. Se me ocurre una reflexión, con respecto a lo de perder el tiempo... En caso de que no se pierda el tiempo, ¿podría acumularse? algo así como ahorrar tiempo e ir metiendo ese ahorro en un recipiente y después disponer de él para otras cosas... Bueno, locuras aparte, lo de perderlo o no, es subjetivo, porque a veces, el estar tirado en un sofá es una forma de emplearlo muy bien...

    De cualquier forma, no es justo tener que dar cuenta de como lo empleamos a alguien que no sea uno mismo... Vamos eso creo yo... :))

    Besitos

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  4. Muy bueno, buenísima tu reflexión amiga!!

    Noamanda

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  5. Espero que no se vuelva un jugador empedernido, apostar en la oficina es como apostar por el pony en una carrera de caballos, inútil pensar que vas a ganar algo ;)

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  6. Yo desde que no uso reloj, desde que tiré el teléfono móvil al fondo de la ría de A Coruña, desde que acudo a las citas caminando y no en auto y sobre todo desde que pierdo el tiempo sin dejar pistas, he rejuvenecido unos 10 años.

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  7. Menos mal que quienes pueden reclamarme sólo tienen capacidad para ladrar. Y, menos mal que son un par de almas tan, tan, bondadosas y comprensivas, que ni siquiera me lo echan en cara.
    Y, menos mal, también, que por fin, he puesto coto a mis desmanes.
    Dicho ello, excelente metáfora, que me ha puesto los vellos como escarpias.

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