Richie

Sacó la lengua y la mostró orgulloso: sobre ella danzaba un gusano blanco como una paloma. Todos torcimos la boca asqueados y alguno vomitó. No diré quién.

Richie siempre hacía este tipo de apuestas con nosotros, cada vez más increíbles y más asquerosas, por eso siempre acabábamos picando el anzuelo y apostábamos. Y siempre nos ganaba. Creo que no había cosa en el mundo que Richie no fuera capaz de meterse en la boca e incluso tragar. Y nunca le pasó nada, aparte de enriquecerse con la suma de nuestras pagas semanales.
Todos le admirábamos en secreto. Confiábamos en que un día se haría más rico todavía y se convertiría en el dueño del Universo.

Ahora conduce camiones; cuando llega al destino, bebe hasta caer muerto.