El maravilloso mundo de los libros infantiles

Últimamente estoy enfrascada en la elaboración de mi primer libro infantil.
Ya había comentado en otra ocasión que de mayor quería ser ilustradora infantil. Bueno, por el camino han cambiado mis sueños y de pronto he empezado a aspirar ser autora (= escritora + ilustradora) de libros infantiles. Pero ahí quedaba todo, hasta hace poco, un sueño por cumplir. No sé por qué un día me levanté diciéndome que no había nada que me impidiera cumplir este sueño: ser autora es fácil, ser buena autora ya es más complicado, pero este es otro asunto. Así que me puse manos a la obra.

La historia ya está escrita, por fin está escrita. Es una historia nacida hace un año en uno de mis cuadernos de dibujo, aunque desde entonces ha sufrido bastantes transformaciones, no en el principio ni el final, pero sí por el nudo, el conflicto y los personajes. Aquí está el primer boceto, el nacimiento.



Me ha costado escribirla, lo confieso, me ha costado mucho encontrarle el tono adecuado que no suene paternalista con los lectores (es algo que odio). Algunos días sólo he conseguido exprimir de mi cabeza tres miserables lineas, otros medio capitulito y, el último día, dos capítulos de golpe. Vale, son breves, pero son capítulos.

Ahora estoy peleando con la ilustración. Al final opto por el blanco y negro por motivos de impresión (recordaréis que también soy mi propia editora, por lo que tengo que pensar en todo). Tinta y lápiz. Aquí tenéis la primera muestra recién salida del horno (en el cuento aparece casi al final, no sigo el orden para elaborarlas, sigo la inspiración):

Me quedan "sólo" otras dos docenas por dibujar.
Estoy aprendiendo mucho en este proceso. Y ya no hablo de aprender sobre escritura, o dibujo o edición (que también), sino del alma de los libros infantiles.
No sé como lo he hecho, pero ahora, con la historia casi acabada (las ilustraciones aún van a contar muchas cosas que yo no sé en este momento) veo que en un texto tan poco realista como éste he sido sincera con los niños, completamente sincera. Que no les estoy contando cuentos, sino otra cosa.

Ahora más que nunca siento un profundo respeto por los libros infantiles y por la literatura infantil. Es algo muy serio, muy profundo y muy delicado. Como cualquier otra literatura.

Esta experiencia está resultando mucho más rica de lo que soñaba. Es, como con los otros escritos, un viaje interior.

Richie

Sacó la lengua y la mostró orgulloso: sobre ella danzaba un gusano blanco como una paloma. Todos torcimos la boca asqueados y alguno vomitó. No diré quién.

Richie siempre hacía este tipo de apuestas con nosotros, cada vez más increíbles y más asquerosas, por eso siempre acabábamos picando el anzuelo y apostábamos. Y siempre nos ganaba. Creo que no había cosa en el mundo que Richie no fuera capaz de meterse en la boca e incluso tragar. Y nunca le pasó nada, aparte de enriquecerse con la suma de nuestras pagas semanales.
Todos le admirábamos en secreto. Confiábamos en que un día se haría más rico todavía y se convertiría en el dueño del Universo.

Ahora conduce camiones; cuando llega al destino, bebe hasta caer muerto.