La mosca detrás de la oreja

Ahora tengo la mosca detrás de la oreja. Se ha instalado ahí y no parece querer marcharse.

En el principio de nuestra convivencia apenas se me acercaba. Pasaba el día revoloteando por ahí, de tanto en tanto se posaba sobre una mano o una mejilla y me bisbiseaba alguna cosa, para después dejarme de nuevo tranquila y dedicarse por completo a limpiar el azucarero o las virutas de chocolate que se me hubieran podido caer sobre la mesa. Pero ahora...

Hemos llegado a un punto en que tengo que llevarle yo misma las virutas de chocolate y depositarlas en ese lugar donde la oreja queda unida a la cabeza por la parte superior. Tarea complicada, lo tengo que hacer frente al espejo. Ella trepa hasta la viruta y se alimenta sin dejar de bisbisear ni un segundo, me habla hasta con la boca llena empeñada como está en relatarme todo lo que ve con sus innumerables ojos (y lo ve todo). Dice que es por mi bien.

Pero ¿qué bien puede hacerle a nadie el verlo todo?

4 comentarios:

  1. Uf! Pues el ver a través de otros ojos y con tantas facetas, puede ser un poco...

    Claro, porque ese "todo" puede que solo sea su "propio todo"

    En fin...

    ¡Me encantan estos cuentos!

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  2. mmm no sé, no sé, a veces no "bisbisean" sino que "zumban" en la oreja. Creo que esas son las peligrosas.

    Este abrazo!

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  3. Ningún bien, eso ya te lo digo yo. A veces, casi siempre, cuanto menos se vea, mejor que mejor.

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  4. Las moscas... si yo te contara!

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