Un elefante estúpido

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña.
Se balanceaba tiernamente acurrucado, sonriente, feliz. Al momento, como era de esperar, llegó un segundo elefante y el soñador le hizo ademán para que subiera a balancearse acurrucado junto a él.

- Estúpido soñador -refunfuñó el recién llegado desde abajo-. ¿Habrase visto? Un elefante de tu tamaño creyendo todavía en la estúpida letra de una canción infantil.

Respuestas correctas

Aunque tenía los documentos en regla, se sintió un poco nervioso. Algo podía salir mal, podían instarle a recitar algún poema en francés o la tabla del cuatro en alemán; cualquier cosa era posible, los controles habían llegado a límites insospechados, según había oído contar a quienes no lo consiguieron.

Los guardianes de la razón habían inventado tantos trucos para cazar a los fugitivos, tantas maneras de volverlos cuerdos de un plumazo, que casi nadie lograba ya pisar las tierras de la locura, o de los sueños y de las absurdas historias cómicas. La realidad tenía las fronteras bien bien cerradas y muy poquitos podían resistir recitar la tabla del cuatro en alemán cuando se les preguntaba, hasta tal punto estaban acostumbrados a contestar por reflejo a las preguntas formuladas, hasta tal punto conocían todas las respuestas correctas.

- ¿La hormiga o la cigarra? -preguntó malévolo el aduanero y en ese momento supo que tendría que volver a la cordura.