Por las ramas

Debió haberlo imaginado desde un principio cuando, paseando por el parque cogidos de la mano, él de pronto se soltaba y se salía del camino. A ella le parecía simpática esa locura y tardó un tiempo en observar que esto sólo ocurría cuando había ramas recién cortadas a los pies de algún árbol.
Por entonces pensaba que era algo del todo inofensivo y hasta se animó a acompañarle de tanto en tanto en este andarse por las ramas, aun sin encontrarle del todo la gracia. Pero así era él y había que quererle con sus rarezas, se decía a sí misma.

Quién sabe si fue porque él se sintió alentado o si de todos modos hubiera sido la evolución natural de su extrañeza, pero al cabo de un tiempo no quiso volver a pisar suelo libre de ramas bajo ningún concepto. Cada vez que estaban juntos, él sólo pensaba en irse por las ramas y cada vez era más frecuente que la dejara sola en mitad del camino, con los ojos abiertos de par en par. Donde no había ramas por el suelo, él no dudaba en trepar a los árboles y saltar de uno al otro hasta llegar al final del trayecto.
El último árbol daba al balcón de su casa. Nada más entrar se echaba a dormir, agotado por las cabriolas.

Ya no conversaban, ya no se alcanzaban el uno al otro. Ella intentó de todas las maneras posibles hacerle bajar a tierra, pero no había manera, en cuanto él intuía que tenía que hablarle, se subía al árbol que daba al balcón y se alejaba dando saltos hasta volverse chiquitito e indescifrable.

Y así fue su vida juntos, el uno por las ramas, la otra por los suelos.

12 comentarios:

  1. Excelente metáfora de la vida en pareja: Yo Tarzán, tú...

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  2. Jaja, Mármara, tú lo has dicho todo. Creo que es el nivel máximo de profundidad en la comunicación al que se puede llegar en un momento dado, al cabo de los años.

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  3. ¿sabes? ese etiquetado en "cuentos literales" es en éste de lo más real... vamos, como la vida misma
    pero... ¡no nos andemos por las ramas!
    así que directamente ¡un besazo!

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  4. Ay, Almena, yo no sé por qué me pasa esto. Cuando me pongo a escribir estos cuentos literales yo pretendo irme por las ramas, pero al final siempre sale algo de la vida real. Mira si no el de La coral.

    Un besazo para ti también.

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  5. Como la vida misma. La vida en pareja. En viejas y acostumbradas parejas.
    Sólo que, hay veces, que él va por las ramas y ella se queda en la gloria:):)
    Soy mala?
    Bueno...o viceversa:)

    Abrazos

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  6. Trini, jajaja, sí, tu versión, la de quedarse en la gloria, es la versión con final feliz. Mala no, eres positiva, jaja.

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  7. Existe la versión gastronómica, bastante suculenta, por cierto: antes de que él se vaya por las ramas, ella le da una sartén y unos espárragos para que se vaya a freírlos. La variación selvática tampoco tiene desperdicio: en lugar de espárragos, Jane manda a freír monas a Tarzán.

    PD.- Y los tuyos no son cuentos literales, sino geniales.

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  8. Sí, me gusta la versión gastronómica, Mercedes, sobretodo si después de fritos los espárragos te los puedes quedar y ya él que se vaya por las ramas o donde le de la gana (excepto a freír monas, porque las pobres no tienen culpa de nada y seguro que tienen a sus propios monos andándose por las ramas con los que lidiar).

    Gracias:)

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  9. :) ¿De qué me suena? Y si las ramas están cerca de un estadio de futbol, ya ni siquiera duermen en la cama.

    Besitos

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  10. Jaja, Luz, ¿a quién se le ocurre vivir cerca de un estadio de fútbol? Ups, ahora que lo pienso a mí sí se me ocurre. Ups.

    Besosss

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  11. Muchas veces, sin trepar por árbol alguno, media un abismo infinito entre dos personas que conviven codo con codo, ¿verdad?
    Un beso!

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  12. Así es, Orleans, un abismo. Demasiadas veces ocurre, creo yo. Un beso

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