Raíces

El gato empezó a perseguirme como cada noche, obligándome a dar unas vueltas por la casa con los cordones de los botines desatados, para darle el gusto de tener algo que perseguir. Sólo que no me había desatado todavía los cordones. Aún así las orejas y bigotes del minino apuntaban sin duda a algo que salía de mis zapatos, unos hilillos que hasta entonces habían pasado desapercibidos para mí. Unos finos pelitos ramificados que llevaba arrastrando conmigo a saber desde cuando. Sin duda, se trataría de alguna porquería que hubiera pisado por la calle. Examiné las suelas, pero estaban limpias. Las raíces -que crecían visiblemente- asomaban de por entre las costuras del calzado. Aquí la curiosidad se transformó en inquietud. ¿Qué demonios habrá dentro? Ah, tan cerca de mis pies, incluso puede que por entre mis dedos. Me descalcé todo lo rápida que pude, con mueca de asco ya, por lo que iba a encontrar alrededor de mi piel. En ese mismo momento las raíces dejaron de crecer. Sorprendentemente, mis pies estaban limpios. Dentro de las botas tampoco había nada fuera de lo ordinario.

Un misterio. Nada podía explicar el suceso, ninguna de las teorías que inventé mientras me aseaba, mientras preparaba la cena, mientras miraba las noticias sin escuchar.

Ya había pasado la hora de acostarse, pero yo seguía dándole vueltas sin llegar a ninguna conclusión tranquilizadora. Camino a la cocina, el gato volvió a perseguir mis pies, juguetón. Esta vez iba descalza. De los laterales de mis pies asomaban de nuevo aquellos hilillos ramificados, todavía frágiles, pero que crecían y se engrosaban ante mis ojos.

Se disiparon mis dudas y ya no hubo misterio: no se trataba de ningún bicho extraño, era yo. Estaba echando raíces. Tan joven, tan vital y ya estaba echando raíces.

8 comentarios:

  1. Es lo que tiene "encariñarse" con todo, no ser indiferente a nada, que al final las raíces se empeñan en "enraizarnos"...
    :)
    seguro que a tu gato le salen raíces un día de estos

    besossssssssssssssss

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  2. Y si es por cariño, Almena, aún tiene un pase. Lo malo es cuando es por costumbre.

    Oh, sólo me faltaría tener que podar las raíces de sus cuatro patas además de las dos mías, jajaja.

    Muchos besos!

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  3. Pues, no hace más de dos años, que he "sabido" que las raíces, a pesar de ser necesarias en cierta medida, han de ser las justas.

    A mí particularmente me asustan un poco por lo duro que acaba resultando cortarlas, y a veces es necesario

    Besitosss, ami

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  4. Claro, Luz, es que si las dejas crecer luego duele más, porque se hacen más gruesas (igualito que las uñas de los pies). Hay que podarlas a diario.

    Un bessso

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  5. ¿Hay que podarlas a diario? Vaya. Tengo que echarle un vistazo a las mías. No sé cómo las llevo últimamente.
    ¿Son preferibles las raíces aéreas o son el mismo rollito que nutre y ata?
    Disculpa, creo que me falta glucosa.
    Besos :)

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  6. Hay que podarlas por la mañana y por las noche, si no lo has hecho últimamente debes de llevarlas fatal, Leren. Ay, ay...

    Son rollito que nutre y ata, sin duda.

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  7. Las raíces y las canas tienen algo en común ; surgen sin que repares en ello...y para entonces, tal vez sea demasiado tarde :(

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  8. Me pregunto, Orleans, si al arrancar una raíz te sales tres nuevas también, como ocurre con las canas. Yo, por si acaso, me las corto a ras de piel. Las raíces, claro.

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