Una pareja en crisis

A lo mejor, viéndolas por separado, nadie tendría nada que decir sobre mis piernas, pero juntas no queda otro remedio que admitir ¡qué buena pareja hacen! Y es así, son tal para cual, juntas a todas partes, perfectamente sincronizadas. Siempre van una con un paso por delante de la otra, pero este es el juego que se traen, encantadas como están la una con la otra.

Estaban encantadas, mejor dicho, la armonía se rompió hace unos días: se me durmió la pierna derecha en el peor momento, justo en el momento en que su compañera le contaba cómo había ido su día, cuántos chicles había pisado, cuántas cacas de perro había conseguido esquivar y hasta qué punto la incomodaban mis zapatos nuevos. Pero se me durmió la pierna derecha y la izquierda lo tomó como una falta de interés por sus cosas. "Ya no me quieres", le reprocha desde entonces.

Ahora mi vida es un infierno. Ya no quieren ir juntas a los sitios y cada una hace vida independiente.  De pronto se dan la espalda y me dejan hecha un Chaplin, al rato entran en competición y, en vez de ir un paso por delante de la otra, se empeñan en ir a la vez, haciéndome dar saltitos de gorrión. Después tiran cada una por un lado y yo quedo espatarrada en medio del salón o, aún  peor, en el suelo del servicio de señoras de la estación de tren.

Dios, espero que resuelvan pronto sus diferencias (mañana tengo una reunión importante) y, por lo que más quieran, que no decidan separarse para siempre.