Un hombre sutil

Siempre había sido un hombre discreto, de pocas palabras. Aún así, yo creía que teníamos una buena relación, que nos queríamos y que todo iba viento en popa. Nunca discutíamos por nada, nunca me contradecía, aceptaba todas mis decisiones, escuchaba mis chácharas nocturnas y se prestaba a mirar mis programas favoritos de televisión. Todo esto me hizo pensar que éramos el uno para el otro, así que pronto le propuse que nos fueramos a vivir juntos. Él accedió sin ninguna objeción y nos mudamos al día siguiente (recuerdo que trajo espárragos verdes para cenar en nuestra primera noche, "Como eres vegetariana, pensé que te gustarían", me dijo). 

Desde ese día tuvimos una vida apacible y tranquila. Entre semana trabajando, mientras que los domingos yo me quedaba escribiendo y él iba a caminar por el monte. Siempre volvía a casa con un manojito de espárragos silvestres; él no los probaba nunca, los recogía a propósito para mí. Y yo encantada con el precioso gesto: incluso en sus paseos me tenía presente.

La cosa se complicó un mes antes de la boda, cuando empezó a traerme espárragos a diario. Toditas las noches llegaba a casa con un pequeño manojo que me entregaba sin mediar palabra. Si algún día no podía salir al campo, los compraba en el supermercado de la esquina, pero siempre, siempre traía el manojo. Dejaba el paquetito sobre la encimera y se quedaba mirándome con los brazos cruzados. Yo le besaba (cada vez con menos entusiasmo, la verdad) y prometía comérmelos al día siguiente, bien asaditos.

Un día explotó. Lo hizo a su manera discreta, tan discreta que tardé unos días en entender: al lado de los espárragos dejó una sartén y una botella de aceite. "Entiéndeme de una vez" -me dijo- "no tienes que asarlos sino freírlos". Agarró la maleta que ya tenía preparada y ya nunca le volví a ver.

Cuento dedicado a Ana, en agradecimiento por los espárragos ;)

12 comentarios:

  1. Ja, ja...qué bueno Anca, si es que más vale poner palabras de vez en cuando-aunque sean minúsculas-que silencios que duren toda una vida. No me queda claro en tu cuento, quien mandó a freir espárragos a quien. Aunque, bien pensado, eso no importa mucho. Bueno, me voy a comprar un manojo de ellos (asados, de momento, cruzo los dedos). Bests.

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  2. ufff ¿te mandó a freir espárragos?
    mira, mucho mejor que cogiera su maleta.

    Además, esa falta de imaginación... ¿por lo menos los espárragos eran unas veces verdes y otras blancos?

    :0)

    beso!

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  3. Rosana, ahora me haces dudar también sobre quién envió a freír espárragos a quién, jajaja. Es lo que pasa con las sutilezas, que las cosas no quedan muy claras casi nunca.
    Un beso

    Alemna, los espárragos eran siempre verdes. Siempre, siempre. ;)
    Un beso

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  4. Jajajaja... qué bueno!!
    Menudo favor te hizo!!
    Besitos.

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  5. Ja, ja... Vamos, que aunque te indicara sutilmente la "fritura de espárragos", se quitó del medio en el momento justo.

    Besitoss desde el Mediterráneo

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  6. Glora, pues no sé yo... con lo bien que iba...
    Besos

    Luz, por cierto, los espárragos estaban ricos.
    Bessitos besstias para ti y para Nana.

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  7. Jajajajajajaja, en el personaje masculino he visto retratado a mi señor esposo!!!! Siempre dice que la gente habla demasiado, y que él, cuanto menos diga, mejor, jajajaja. Eso sí, se diferencia en que no ha traído nunca espárragos a casa, lo cual no sé si es bueno o malo...
    PD.- Y eso que los espárragos verdes me vuelven loca!

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  8. Mercedes, siendo así, mejor que nunca traiga espárragos verdes, por mucho que te gusten.
    Me cae bien tu señor esposo, yo también pienso que la gente habla demasiado.

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  9. Mi señor esposo es en efecto un hombre sutil. En cuanto a mí, lo siento, pero...hablo mucho (no demasiado...pero sí mucho. Más me valdría hablar menos y escribir más) :-/

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  10. De todos modos, Mercedes, tú hazte con una buena guía de frases hechas por si tu señor esposo te intenta comunicar algo, jajaja.

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